VERANO 2 0 1 9 (III): PRIDE

Personajes para no perder el hilo:

Familia apellidada Las Antonias:

  • Manhattan.
  • Black Winter
  • Lewinsky
  • Ganímedes
  • Fénix
  • Eeve (conocido antes como Entrenador)
  • Coco
  • QuiQueen

Primos de Las Antonias:

  • Amazona
  • JLo
  • Ferbo
  • Targaryen
  • Silver

Ligues/enemigos de las Antonias:

  • El Dorado
  • Huracán Patronus
  • El Jilguero
  • Foster
  • Conflicto

Había perdido el Cosmopolitan , aunque no hubiera cerrado todavía, en esa semana yo ya era consciente de su irresoluble clausura y con ella, todo lo que yo había sido, todo lo que había conocido. Ahora comenzaba la gran y tediosa aventura de buscar trabajo. Emocionalmente, volvía a estar en una inestabilidad agónica que quise apartar en esa semana dedicada al colectivo donde la diversidad, la convivencia y la normalización de nuestras formas de ser y amar nada normativas, recibían visibilidad y sobre todo, críticas. El desnudo se convertía en una reivindicación, como la expresión más explícita de que nacemos así, sin ataduras y que es el mundo el que nos rodea con sus cuerdas, prejuicios y miedos. Música, humor, discursos… Son muchas las formas que tenemos de conversar. No es una mera fiesta, es un claro mensaje, una petición de derechos y un modo de reivindicación con muchas caras que, por otro lado, necesita una revisión, sí, pero no por ello es frívola o irrelevante. Es también una semana en la que recapacitamos con vehemencia la reforma que nuestro colectivo necesita, de como nuestra forma de sobrevivir muchas veces se ha convertido en la adopción de elementos superficiales, normatividad tóxica y comportamientos desatentos que atacan de alguna manera nuestra propia autoestima. Por otro lado, los que no aceptamos tal realidad y preferimos vivir en armonía con nuestro activismo individual de una manera sana, tratamos de pasarlo bien aceptando y conviviendo con tolerancia y civismo con todo aquello que la Comunidad de Madrid, cuando aún era la Comunidad encaminada a la justicia e igualdad de Carmena, nos ofrecía a modo de celebración del lento progreso de nuestra sociedad hacia nosotros. Porque eso es lo que yo predico: celebrar que una vez al año se nos permite demostrarle al mundo que somos tan válidos como lo ha sido la heterosexualidad blanca, durante toda la vida.

Así que, organizado y emputecido desde el primer día, contacté con mi familia madrileña (Las Antonias) y nos coordinamos para hacer de este Pride, uno inolvidable, tan Inolvidable como éramos todos nosotros. Éramos…

Mucho antes de que el Pride llegase, dos miembros de nuestra familia comenzaban a distanciarse por motivos que es mejor no desenterrar. Manhattan y yo, habíamos estirado a niveles dañinos y dolosos nuestra amistad. Habíamos amasado, manipulado, herido, perforado y maltratado tanto nuestra relación, que sin darnos cuenta nos habíamos convertido en dos personas que no se hablaban, no se trataban y que solo compartían piso. Nosotros que habíamos sido leyendas de la nocturnidad de la ciudad, nosotros que estábamos construyendo una marca como DJ´s, que compartían secretos tan sombríos que era mejor suprimir de nuestra memoria, habíamos llegado al punto de no pronunciar nuestros nombres. No sé cómo se sintió, yo solo sé que estaba sintiendo que uno de mis mejores amigos, un padre fundador de Las Antonias, un pilar fundamental de mi dinámica madrileña, se estaba separando de mí como un apéndice extirpado en el mercado negro de la indiferencia. O quizá fui yo el que decidió amputar al siamés engangrenado. De cualquier manera, no estábamos en nuestro mejor momento y nunca una amistad como la nuestra se había enfrentado a algo así. No era lo que había ocurrido con El Dorado. Aquello no tenía solución. Manhattan y Cam, sí. Lo sabía. No obstante, separé aquella isla del resto de mis distritos y convertí la ciudad en el puente que necesitaba para sobrevivir a mí mismo.

El Orgullo se presentó casi como un campo de batalla en una guerra fría protagonizada por lo que nunca nos decíamos. Éramos familia y como tal, debíamos disfrutar aquellos días en comunidad y convivencia. Nadie, salvo Black Winter, fue consciente de todo lo que ocurría y la incomodidad a veces era inevitable. Las PopperPuff Gais se desvanecían, a Camctus se le estaban marchitando las últimas flores que embellecían su tronco y Pétalo se marchitaba irrefrenablemente en un silencio que jamás sabremos si llegó a tratar. El resto de las Antonias pasaron un Orgullo inolvidable. Ya os hablaré de todos ellos.

A nuestro grupo se unieron La Amazona y JLo, clientes del Cosmo y relaciones increíbles que hasta hoy, quiero mantener. Me cuidan y me han aportado una salud mental que necesitaba.

Ya desde el primer día, el Pride, empezó movidito. Una de Las Antonias, a la que llamaremos Lewinsky, aficionada, como yo, al incesto entre amigos, hizo su primer trío en el que, asombrosamente, fui partícipe. Todo ocurrió en la convergencia de los distintos arcos y tramas que solo puede darse en los grandes eventos y los grandes festejos. Mezclados los unos con los otros, entre alcohol y una diversidad sexual más que aceptada, hacinados en Plaza del Rey, nos encontramos varios de mis ex-ligues y yo. Y entre ellos, un rubio Targaryen con el que Lewinsky entabló una pronta amistad. Su coincidencia y el haberme conocido en mi absoluta intimidad les llevó a convencerme a mí, el casto y siempre tranquilo Cam, a introducirnos en mi cama de 1.35m en La Calle de la Princesa. Así fue como pasé una de las noches más acaloradas de todo el verano.

El segundo día, me gasté un dinero que no tenía. Entrenador, rebautizado justificadamente como Eevee, JLo y la archiconocida estrella de Twitter Ferbo y yo acabamos como no, en DLRO. Aquí debo apuntar que mi relación con Ferbo sufrió altibajos. Por razones que aún no entendemos los dos, nos caíamos mal. Pero una vez en febrero vino a mi casa disfrazado de vampiro y salió con nosotros de fiesta, he de admitir que nuestra interacción y vínculo ha ido a mejor. ¿Le tiré accidentalmente los tejos en innumerables ocasiones? Sí. ¿Nos hemos dado cuatro besos tontos y sin importancia? También. ¿Me arrepiento? Pues no. ¿Ha sido un affair de estos a lo Nicholas Sparks? Tampoco. ¿Soy Ferboadicto? Menos. Pero conservo un buen recuerdo. Últimamemte nos vemos poco, pero si queréis salir de fiesta por Madrid y llevaros una buena noche de risas, habladle. El Orgullo hizo su magia y nos unió, y eso es lo que realmente importante.

Como digo antes, es un gran evento donde convergen todo tipo de relaciones.

Y aquí es donde mi verano aumentaría su debacle. Esa noche bailamos, bebimos, perreamos cuanto quisimos y más y es entonces cuando cuatro historias completamente diferentes, convivieron en una misma coincidencia.

Ya conocéis a Fénix.

Y ya os hablaré de Ganímedes (otra Antonia)

Por otro lado, sabéis por encima quién es Foster.

Bien,en el ambiente y los círculos en el que nos movemos es difícil que los tíos no coincidamos con los ligues de amigos o conocidos. Pues cuando yo, bailando en mitad de la pista, desviviéndome en graznidos con las canciones que sonaban, bañado en el humo y las luces violáceas de la sala, puse mis ojos en Foster. Un chico de innegable atractivo y una potente clase. Él los puso en mí. Nos dimos un primer beso. Uno de esos que duran más en tu cabeza que en la realidad. De esos que ensordece todo lo que te rodea y te da una dosis de dopamina y dispara tus hormonas a niveles que ni tú entiendes. Ese tipo de besos que de alguna manera deberíamos intuir que marcan un antes y un después. Uno de esos besos, que van seguidos del intercambio de números de teléfono y de una frugal y superflua conversación en el que a duras penas averiguas su nombre, su edad o su procedencia. Al acabar el correcto protocolo de flirteo y ligoteo, ante nosotros, entre la multitud emergió la belleza de mi amigo Fénix y con él un chico al que llamaremos Conflicto y que aporta lo justito a esta historia como para complicarme la existencia.


El cuadro se contempla a continuación de la siguiente manera:

– Foster- tuvo un lío profundo y díficil de describir con – Fénix – El cual, esa noche se estaba liando con – Conflicto – El cual, noches anteriores me había sonreído, pero porque ya nos conocíamos y es raro que yo no recuerde una cara. Pues con él me pasó. – Conflicto-, era como su nombre indica, una pequeña china en el zapato de -Ganímedes-.


De todo esto me enteré en cuestión de segundos cuando en el baño até todos los cabos. Foster venía con mochila, una historia que contaré en otra entrada. Pero además debía guardar el secreto a Fénix y omitir a Ganímedes lo que yo sabía esa noche de Conflicto.

En otras palabras: un chocho endogámico del que me sentía culpable.

Cuando salí de aquella discoteca con tanta información en la cabeza, supe de inmediato que los hilos que mueven el universo, a veces parecen un puto juego de los Sims. Somos peones en un ajedrez sin reina destinados a movernos entre puñaladas, corazones rotos y Torres de Babel.

Foster me acompañó aquella noche al portal de mi casa negándose a subir. Cuando un chico no se acuesta conmigo en la primera noche o en la primera cita, es otra señal de que algo más grande viene detrás. Me confesó su extraño revés con Fénix, su incipiente interés en mí y con un beso aún húmedo en mis labios, subí a mi casa con la cabeza en blanco y el corazón latiendo zumbidos…

¿Iba a ser este chico mi nuevo interés romántico? ¿Era el siguiente muchacho de los muchos que me iba a desordenar el corazón?

El tercer día, hubo más de lo mismo en realidad. Solo que todos mis amigos se rindieron con facilidad y ante la inevitable marcha a casa me tropecé con una cuenta pendiente del pasado. Un antiguo compañero de un antiguo trabajo de los muchos que he tenido en Madrid, había venido exclusivamente esa noche al Orgullo. Marcharía dos días después. Con él, un amigo al que siempre consideré un déspota con insuficiencia de humildad y conflictos narcisistas. Los dos eran lo suficientemente guapos y normativos como para ser así, les habían educado para considerar que su físico era digno de tal comportamiento. Cuando quise darme cuenta, me encontraba en su casa, en la otra punta de la ciudad tomando margaritas y probando por primera vez todo lo que un día me juré a mí mismo que no probaría. Pueblo Nuevo (L7 y L5) fue testigo de un trío tan inesperado y tan arriesgado, hasta arriba de estupefacientes y alcohol al amanecer de un nuevo día, que hasta yo me sorprendí al abrir los ojos unas horas después del mediodía. Estaba en una casa que no conocía sin ellos. Solo un desconocido que me ofreció un vaso de agua e información que ni yo mismo llegué a creerme. Pues era el marido del narcisista y ambos convivían en una relación abierta. Estaba desnudo cuando me contaba todo esto así que sin más, me dispuse a vivir una película porno. Todos los miembros de esa casa saben al día de hoy, los centímetros exactos de mi p***.

Con la energía de mil hombres, decidí vivir lo que quedaba de Orgullo. Fue el mejor día de todos en compañía de nuestra amiga y nada homófoba Soraya, la envolvente Ruth Lorenzo y la siempre fantástica Terremoto de Alcorcón y mis Antonias. Esa noche me porté bien, pero nuevamente me gasté un dinero que no tenía y me encontré con dos verdades bastante duras a la cara. Estaba notando que ya todo me empezaba a importar una mierda, que la frugalidad de estar vivo a veces se trataba de hacer lo que me apeteciera cuando surgiera. Que quizá experimentar aún no se había acabado para mí, y que todo el que pasaba por mi vida iba a darme si no una lección, una experiencia inolvidable. Y en medio de todo esto, me topé con un viejo conocido de Valencia. Alguien con la sabiduría de un gurú y la voracidad de un adolescente. Un amigo con uno de los cerebros mejor estructurados que he conocido y al mismo tiempo, el carácter de una diva. Silver, merece aparecer por la noche tan buena que nos ofreció.

Ese jueves tuve que asumir o al menos decir en voz alta que al fin me había librado de la condena de Huracán Patronus y la de El Jilguero. Con el primero tuve un ligero encuentro en el que ni me digné a responderle más allá que a un saludo cortés. Ya no me dolía verlo, ni me dolía admitir que su físico había sido en un su día un rayo que me atravesaba. Ya no sentía, realmente, nada por él. Ni interés. Con El Jilguero, amigo de dos Antonias recientes (Coco y QuiQueen), había aceptado que me importaba por todo lo que había sido para mí, pero que debía avanzar y renovar la suscripción a nuestra desastrosa relación. Este orgullo fuimos amigos, me preocupé por él y le abracé como un hermano más, de los muchos que somos en el cada día creciente círculo de relaciones del que soy partícipe.

Dos verdades duras, primero porque no entendía como podía seguir enganchado a dos personas que realmente nunca habían sido para mí y, segundo, porque mi corazón seguía roto y no es que quisiera callar su agonía, es que sencillamente la ignoré. Pero el verano seguiría…

El viernes fue un día en el que maldije haber salido de casa. Y el sábado compartí parte de la manifestación con mi madre. Una fan acérrima del despliegue de libertad que se respira en Atocha. Ese día, Foster, como una casualidad absurda y rebuscada apareció entre las infinitas posibilidades y se presentó. Fue el primer chico al que mi hermano de dieciséis años me ha visto besar. Lo tomó con la naturalidad que ha aprendido en casa que es y supo de inmediato, sin decírmelo, que ese chico me encantaba. Lo que no adivinó es todo lo que vendría después…

El orgullo finalmente acabó, yo me despedí del Cosmo, me quedé en el paro, hice una revisión de mis vivencias, traicioné mis principios, me encontré jodido; había dejado atrás a dos de mis frustraciones emocionales y me acababa de encontrar otra con la que no contaba. Ocurrieron más cosas. Muchas más cosas: Me lié con chicas en mi arduo esfuerzo por aceptar mi negada bisexualidad; me sentí mal al herir la autoestima de un chico que esperaba mucho más de mí y se topó con un fraude; tonteé con otro que tenía novio, delante del novio, porque ya os dije que todo me la sudaba, jugué al Yo-nunca en inglés; vi a Mónica Naranjo y me enteré de muchos chismes sin relevancia alguna.

Fue un Pride en el que me enamoré más de mis Antonias, que acabó plagado de secretos, asuntos sin resolver, tramas abiertas y un Camilo que se estaba esforzando por olvidarse de lo que había sido. Y debería llegar septiembre…Vivo.

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