Black Winter: Orgullo y Prejuicio

No, no se llama así porque haya sido un invierno malo, Fito. Winter es su apellido tal y como lo conocí (también podía ser Fenty o Reche o Paulson como Sarah) y Black, porque es el color favorito de las personas que tienen clase *chasquido de dedos*.

Si hay alguien con una gran conciencia social y sabe llegar a los que no la tenemos tanto, ese es él: De las personas más inteligentes que he conocido nunca. De ahí su ingeniosa capacidad de hacer una poderosa sátira de nosotros y nuestro grupo.

Siempre he dicho que si fuéramos un reality, una importante estrella a admirar sería él. ¿Por qué? En todo grupo debe haber alguien icónico, y creo que una persona con ese buen gusto por los makeups, el humor inteligente y su equilibrio emocional, merece serlo. Black Winter,merece una entrada para él por todo lo que significa para mí.

Nos conocimos, por una anecdótica coincidencia. Corría el año 2015 cuando empecé mi carrera en la Complutense. Por entonces me atreví a escribir en una publicación semanal, relacionada con la facultad. Se subían apuntes y críticas a profesores, y demás banalidades que en el fondo nos venía bien a los universitarios principiantes. Con este primer paso a mi contundente fracaso como escritor aficionado, conocí otro blog, en el que me estrené con uno de los textos creativos que más me fascinan. Inspirado en Dorian Gray, con ciertos tintes de Fausto y bastante teatral, no nos vamos a engañar: Entrevista a un villano.

Se basaba en un libro de fantasía que pensaba escribir llevando al extremo la pelea entre el bien y el mal, resucitando a los dioses griegos en la época actual. Me pareció muy básico y mi gran idea de 20 años se quedó en un simple diálogo entre dos personajes que jamás nacerían y que conllevó al inicio de una gran amistad. Pues justo el mismo día que se publicó, Black Winter compartió en redes sociales un texto que yo interpreté como parecido. Quise matarlo. En los segundos que tardó el link en descargarse, temía que me hubieran plagiado tan pronto un texto que me enorgullecía. Comprobé que no. Comprobé que mientras yo trataba una breve historia de seducción y pacto con el diablo, él hablaba de un conflicto amoroso. Un texto del que me enganché y acto seguido llegó el DM a Twitter.

Esto conllevó a que yo formara parte de un equipo más grande y coordinado por El Director. El Director es una de esas personas que suscita el respeto propio de la legalidad y de los principios y valores que todos deberíamos adoptar de convivencia, respeto e igualdad. Su historia resulta de lo más cómica y llena de sabiduría… Pero lo dejaré para otra entrada.

Tras conocer el equipo de la publicación, ya inexistente, bautizado como Más Veinticuatro, conocernos todos era un acontecimiento inminente. Y finalmente, desde mi entonces anonimato en Twitter, supe que Black Winter y yo no nos podíamos llevar mal. Los dos escribíamos, y nada une más a dos escritores que la experiencia de contarle al mundo, lo que ocurre de puertas para adentro de tu pecho.

quií su blog: https://cenizasdetinta.blogspot.com/

La primera toma de contacto fue normal. Pero en cuatro años Black Winter y yo nos dimos la oportunidad de entablar una amistad Inolvidable.

Black Winter tiene un circunstancia peculiar, que al mundo aún le choca al día de hoy, y que al menos a mí chocó en su momento: Black Winter es un chico que se maquilla. Mi deconstrucción estaba en ciernes. Yo era un principante en la eliminación de mi homofobia interiorizada, y mis neuronas, pobrecitas ellas, no entendían el concepto. ¿Cómo podía maquillarse un chico? ¿Por qué? Y aunque admiraba de una manera objetiva, el trabajo que conllevaba aquella elección de colores, texturas y matices y su combinación, no concebía la posibilidad de salir a la calle así. Con él. A su lado.

Gilipollas se nace, también te digo, Camilo.

Pero nunca lo expresé, más bien me dedicaba a observar a mi al rededor y a estar alerta de que nadie le dijera algo. Y según avanzaron los viernes de fiesta, la convivencia y el día a día, aquello se normalizó y hasta se convirtió en algo fundamental. Es esencial que esperemos de Black Winter el maquillaje perfecto.

Mi prejuicio se convirtió en admiración.

Nuestra amistad fue en aumento, a la vez que las borracheras en los innumerables eventos sociales a los que suelo asistir y a los que suelo arrastrar a todos mis amigos de Madrid. Fue una de estas madrugadas, esperando a que el metro de Sol funcionase, donde tuvimos la primera charla profunda, donde de alguna manera nos redescubrimos y donde tropezamos con la confianza absoluta.

Supongo que fue entonces cuando comencé a sentir que no podía faltar en mi vida. Cada botellón, cada evento, cada reunión me parece indispensable su presencia. Solo alguien como él puede coger una polémica y hacerte entender por qué algo es injusto y cómo podría solucionarse. Del mismo modo que puede escoger cualquier privilegio de esa injusticia y transformarla en un motivo de burla. Algunos privilegiados, son incapaces de admitirse así, resultan ridículos y tiene que venir una persona de corazón verdadero y carácter suficiente a decirles lo patéticos que son.

Black Winter conoció a Los Cinco más Imposibles. Conoció a Ícaro y estuvo ahí cuando mi corazón se dividió entre la razón y la emoción. Guardó mi secreto con Huracán Patronus y me pidió, a su manera, que no se me ocurriera elegirle a él. Luego estuvo ahí para recoger los pedazos y curarlos con ginebra y esos fuertes abrazos que nos damos cada vez que nos vemos. Estuvo ahí, cuando Manhattan y yo éramos simbiosis uno del otro. Estuvo presente en cuantos desplantes sufrí con El Jilguero y se rió incrédulo ante nuestro alto el fuego y reconciliación como “amigos”. Se convirtió en pilar fundamental de la familia madrileña de la que formamos parte (Las Antonias). Ha conocido mi mal humor, mis rayadas, mis aspiraciones y mis sueños rotos. Hemos compartido más momentos que alcohol ingerimos, y sé que si tengo que confesar algo más de los muchos secretos inconfesables que guardo en el tórax, solo tengo que marcar su número, abrir su Instagram o abrir DM, que al fin y al cabo así comenzó todo esto.

Black Winter es La Burbuja de las Popperpuff Gais, cada vez más extintas. Cómplice de varios delitos y autor intelectual y ejecutor de otros tantos. Un alcohólico empedernido con muchas cosas que contar, con mucho qué decir, y sobre todo un llorón de serie capaz de emocionarse con la voz mejor formada o la escena más profunda. El criterio de sobra y los argumentos necesarios para defender sus gusto y la misma mala suerte que hemos sufrido todos de no encontrar al hombre que sepa apreciarlo como se merece. Como siempre he dicho: está destinado a encontrar al amor de su vida de una manera que ni él mismo se imagina y será tan maravilloso como lo es él, o más le vale, porque, hombres del mundo, os estáis perdiendo a una joya.

Uno de mis mayores orgullos como persona, de mayor ojalá ser como él.

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