La dura vida de un Sex-Symbol

Si habéis entrado por el título, entonces ya podéis ir pensando que soy un creído. Quizá lo sea. O quizá sea que el estilo de vida que llevo es propio de alguien que en efecto sí es un sex-symbol y yo sea un irónico y todo esto una treta para obligaros a leer esta entrada que no habla precisamente de un episodio sexual. Habla de todas las consecuencias que conlleva una vida sexo-afectiva tan rocambolesca como la mía. Sino, echad un vistazo en condiciones al resto de entradas.

Al título dadle las gracias a mi amigo A.J. un persona tan irónica y dramática como yo que entiende lo que es acarrear problemas por ser dos desgraciados a los que nos ponen los tíos.

¿Qué hemos hecho, Satán, para merecer esto?

En esta ocasión hablo de mis últimas reflexiones extraídas en perspectiva debido a los muchos acontecimientos en lo que llevamos de año. Consideraciones fruto del moderado desenfreno que conlleva ser un promiscuo enamoradizo; un encantador de serpientes; un casanova de buen corazón con excesos de emociones y apetencia por lo nuevo y a su vez por lo pasajero. Admito que ver la vida como la vería Dorian Grey no está mal siempre y cuando la honestidad esté por delante.

La novedad del sentimiento te habrá proporcionado verdadero placer. Pero yo mismo puedo contarte el final de tu idilio […] le has roto el corazón y ese ha sido el inicio de tu enmienda.

Oscar Wilde

Como decía, una serie de pensamientos se han ido construyendo en mi cabeza de unos meses para acá debido a mi inquieta vida sexual y/o sentimental. Como bien sabéis mi forma de relacionarme con el mundo y sus camas, es una montaña rusa de pasión, inquietudes y misterios que nunca cierro o que incluso no empiezan. Solo ocurren.

Por un lado, están los tíos que me gustan. Que me gustan de verdad. En concreto son dos, aunque cada día que pasa uno más que otro… ¿o quizá ninguno? Ambos capaces de proporcionarme tanto citas maravillosas como episodios de pasión desenfrenada, como dolores de cabeza. ¿Qué sería del corazón sin dagas que lo atraviesen?

Por otro lado, los ligues habituales con los que comparto interesantes conversaciones de riqueza intelectual, pero con los que firmo un contrato frío y conciso de solo sexo, sin compromiso.

En un tercer lugar los tíos que están por venir.

A los dos que me gustan solo puedo decir que ole por mí. Dos tíos guapos, que le dan vida a mi contrahecho corazón y que enredan los engranajes de mi cabeza. Dos tíos tan opuestos como interesantes. Me siento en esta primera parte del relato, como Bella de Crepúsculo, como Elena de Crónicas Vampíricas, como Sookie de True Blood, como Olivia de Scandal, como Bridget Jones o incluso como Serena de Gossip Girl que llegó a querer a tres hombres distintos en un mismo capítulo. Claro que como siempre, en todos estos casos ellas al final elegían o la monogamia más tradicional o a sí mismas. Es aquí cuando entro en conflicto. No es que los dos se estén disputando un puesto en mi vida, (ojalá un duelo de esgrima por ver quién se gana mi corazón, mira yo me muero ya si dos hombres se peleasen por mí para variar), pero sí que es cierto que si en algún momento alguno de los dos quisiese ir más allá mi respuesta nunca sería: Sí, acepto pasar el resto de mi vida contigo. No. En ese caso me acabaría eligiendo a mí y mi soltería. Sé que en entradas anteriores hablo de ideas que podrían interpretarse como contradictorias, pero si algo me enseñó One Day At A Time es que a veces el final feliz no es estar al lado de otra persona, sino conseguir por ti mismo lo que te haga feliz.

La soltería es el único estado aceptado en el movimiento actual de nuestra sociedad en el que se me permite disfrutar de lo que todos me ofrecen sin herir a nadie. Al menos actualmente creo que nadie sale herido, puesto que siempre soy honesto con mi situación. Ahora, ¿me he llegado a plantear unir a estos dos caballeros y vivir una experiencia afectiva y sexual de lo más interesante digna de mí y de este blog? Sí. En mi cabeza, como expuse hace unos días en Twitter, me parecería perfecto una relación poliamorosa donde los tres nos sumergiéramos en una aventura emocional tan profunda y enrevesada como cabe imaginar. Lo veo. Me encantaría. Uno a cada lado de mi cuello, el diablo y el ángel aconsejándome o tentándome. Manteniendo debates sobre lo que está bien o lo que no. Enfrentándonos al mundo cogidos de la mano. Tres hombres queriéndose desde un prisma diferente, conectados en un vínculo alternativo, al margen de las normas y de la gente. Por no decir que tres personas diferentes, juntas en la cama cada día, debe ser una aventura indescriptible. (Bueno indescriptible no, pero divertida un rato). No llegaríamos a aburrirnos. Al menos eso pienso yo sobre el papel, en mi imaginación y en este estado de embriaguez lasciva con la que suelo escribir.

La realidad es que no puede ser.

El Jilguero al que tan bien conocéis se convierte en toda esta historia en mi piedra angular. El principal centro de toda mi atención y de un sinfín de episodios rebuscados y dramáticos que tan ocupado me han tenido un año y casi dos meses que llevo conociéndole. La horma de mi zapato en muchos aspectos y el que más mareado me tiene (y extenuado). El niño malo e impulsivo, el Damon de mi historia, el magnético rebelde que tanto me encanta… o me encantaba. No es que él y yo hayamos tenido alguna relación y sin embargo nos unen cosas que ni él ni yo entendemos. Conexiones que no logro comprender, ni defender y que al día de hoy, 19 de abril, me estoy replanteando. Como dije en mi anterior entrada, es alguien adictivo y fascinante. La ornitología con la que analizo sus aleteos déspotas e impredecibles, hacen que me plantee si merece la pena todo este vaivén de encontranazos y batacazos que supone el huracanado vuelo de este muchacho; replantearme si mis amigos tienen razón sobre mi comportamiento. Como me dijo Entrenador: pierdes el culo por él. Y sí, bueno, soy así de pavo o así de afortunado. Aún quedan personas como yo que luchan por lo que creen que en algún momento irá a buen puerto (o no). Pero que no se diga que no lo he intentado, aunque los gatillazos digan lo contrario. Sí amigos, este muchacho me hierve la sangre, me atrae sobremanera, me parece que está para reventarlo a polvos Y CUANDO TENGO LA OPORTUNIDAD DE DEMOSTRARLO, a mi pene, inoportuno como yo, le parece super buena idea venirse abajo. Claramente lo que siento y lo que me hace sentir este pájaro es inexplicable. Me impone y me pone nervioso. Sin embargo, dudo que tenga otra oportunidad de demostrarle que puedo erguir mi mástil sin problema. Una semana hace que no me contesta desde este desafortunado episodio. ¿Será por el gatillazo? ¿Habrá otros motivos detrás? Todo iba en orden aparentemente. Pero sinceramente, me viene mejor no seguir pensando que en algún momento él y yo podamos mirar el mismo cielo.

¿Me habré rendido ya? ¿O en esta ocasión me estoy dando un tiempo para elegirme a mí por encima de la estupidez adolescente? Se acabó ser el arrastrado…

Los sex-symbol también poseemos sensibilidad y sobre todo, tenemos amor propio.

El Chico Bobo Al Otro Lado de la Pantalla (C.B). El segundo en discordia. El Stefan de mi historia. El formidable y bien educado muchacho de Jaén, recién llegado a Madrid con las ideas muy claras. El de unos ojos y una sonrisa dignos de mención en mis escritos. Un tío maduro con afición por el padel que me ha tratado desde el principio con un respeto y una caballerosidad que ya quisieran muchos. El que no me besó hasta la tercera cita y al que no vi desnudo hasta haber dormido por segunda vez en su casa. El tío con el que la cagué el día de mi cumpleaños por un enfado tonto, acrecentado en parte por El Jilguero. Una noche de la que no quiero hablar porque fue un 22 de marzo de lo más cargadito de salseos. Y sí, a punto estuvieron los dos de conocerse, coincidiendo en espacio y tiempo. Hubiera sido muy interesante toda aquella situación. Por suerte no ocurrió, los astros aprietan pero no matan. No estoy del todo seguro qué saben el uno del otro, pero entiendo que ambos saben que el otro existe (WTF?). El caso, que también me encanta. Por lo obvio. Su madurez, su diplomacia para tratar ciertos asuntos, su forma de ver que soy una bala perdida y aún así querer seguir viéndome (a pesar de nuestro desastroso primer encuentro). Me parece que besa de una manera dulce pero certera. Que mida ligeramente más que yo y la tranquilidad con la que me trata, hace que me sienta cómodo, seguro, acogido. Y claro, en un estado de tal comodidad, normal que desee que nos empapemos el uno con los fluidos del otro. Bueno, pues no. En esta ocasión amigos, el partidazo que os estoy describiendo y yo, aún no hemos solucionado esta tensión sexual que se crea cuando estamos juntos. Son varios los motivos, y admito que la espera tiene su aquel. Me lo pone difícil y eso en cierto modo provoca que siga enganchado a su persona. Pero, y esto es un mensaje para que lo leas, se me va a partir el rab* de lo d#r* que me lo pones.

Debe ser que no soy tan sex-symbol como pretendo venderme. No todo el mundo cae a la primera a mis encantos refritos y mal usados.

I never said that I would be your lover. I never said that I would be your friend. I never said that I would take no other

Thirty Seconds To Mars

Y aquí entran en conflicto los otros terceros. Los tíos que mantienen mi vida sexual activa, pero que por desgracia, no me gustan de la misma manera que estos dos personajes anteriores que me traen por el camino de la rayada perenne. Terceros que mantengo en mi lista de contactos y con los que sinceramente, disfruto de encuentros esporádicos, satisfactorios y que mantienen mi autoestima y mi estado físico en perfecta armonía. Son tíos en su mayoría, que merecen la pena. Tíos muy nobles, con buen corazón, dignos de ser amados y que podrían llegar a ser muy buenos amigos míos (alguno ya lo es). Cuando digo que entran en conflicto, es una frase hecha. Lo que en realidad quiero decir, es que son personas que no trato como meros trozos de carne, hacer eso va en contra de mi ética como persona cívica y cultivada que pretendo ser. Son personas a las que tampoco me gustaría perder como amantes. Cada uno de ellos, me ofrece una forma distinta de ver el sexo o la vida. A veces, “el sexo con varias personas no significa conocer a otros, sino conocerse a uno mismo” (Leí hace poco en algún lugar pero no recuerdo la referencia). Y quizá esa frase tenga razón. El problema está en saber marcar los límites entre la amistad y el sexo. Con algunos de ellos, llega a veces la tesitura de elegir, en cuestión de segundos, si besarles o no, si traerlos como mero amigos al círculo de fiesta o no. ¿Cuándo decides que ya no quieres acostarte con ellos? o peor, ¿cómo les dices que quizá uno de los dos esté pasándose de la raya? ¿Qué raya?

Problemas menores, de fácil solución, pero de incómoda ejecución. La dura vida de un sex-symbol que debe gestionar con quien puede acostarse sin que sus buenos tratos confundan al otro.

Aquí es cuando llega la tercera parte de todo esto: Los que están por venir. Los que están por venir, son todas aquellas personas que aún están por cruzarse en mi vida y que tienen a su manera miles de cosas que enseñarme. Son decenas de bocas por besar y centenares de sensaciones que compartir. Miles de experiencias aún por detallar y posiblemente un par de mononucleosis por transmitir si me descuido. Personas que veo a diario, que sé, por el flirteo tonto de las redes sociales, que de atreverme a tomar la iniciativa, tendría una respuesta mutua (y quizá un drama detrás, para variar).

Por una vez, los problemas de un chico gay medio de la capital no giran en torno a las caencias afectivas o a la baja autoestima, creadas por supuesto, porque quienes se levantan como “nuestros representantes” incapaces de construir mensajes que no hablen de la normatividad superficial y tóxica que nos rodea.

Un sex-symbol puede ser cualquiera que se lo crea y sepa meterse en un buen lío. Meterse en líos te asegura una activa vida sexual y una mejora trascendental de la autoimagen y el amor propio ¿y quién sabe?, en una inesperada aventura puede encontrarse aquello que siempre buscabas. En mi caso, un sinfín de anécdotas enriquecedoras.

(No sé si lo anterior es un buen consejo, no lo hagáis en casa por si acaso)

¿Quiero renunciar a todo esto? Es decir, el sentido de la madurez y la vida tal y como la conocemos, consiste en encontrar a una única pareja con la que compartir el resto de nuestra vida y mantenernos estables, lo que conlleva a una seguridad vital y por tanto a la felicidad y la plenitud. ¿Qué pasa si yo no quiero una única persona en la vida? ¿Qué pasa si ahora, con veinticuatro años que tengo, renuncio por completo a la monogamia en el futuro inmediato? ¿Soy acaso víctima de mi juventud desenfrenada; preso de una soltería que me mantiene en equilibrio constante? Porque sí amigos, en este momento, todo lo que os acabo de describir, me fascina. Elegir, rehusar, volver a equivocarme, tropezarme, querer a más de uno, no querer a nadie, ser egoísta o ser muy generoso.. Me mantiene feliz, seguro de mí mismo. Me hace sentir en efecto un sex-symbol, sabiendo que no lo soy. Que soy un tío normal que aprende de la vida a través de las otra vidas que mete en su cama y sin quererlo, en su día a día. ¿Que a veces me gustaría ilusionarme y vivir un tórrido romance a lo novela de Nicholas Sparks? Pues mira, muchas veces creía que sí. Pero es que resulta que he vivido y estoy viviendo no una, sino varias. Un montón de historias, una saga, donde yo me mantengo como el centro de atención, con tramas apasionantes donde entran las risas, el drama, la experiencia y paradójicamente, la madurez. Me ayuda y me motiva a encontrar en este lobo no tan solitario, una personalidad y una serie de aptitudes con las que resolver ya no mi vida, sino ayudar a otros. No me considero un erudito de las relaciones, pero me doy el lujo de confesar que se me da muy bien localizar los problemas de los demás y ofrecer respuestas y consejos que quizá les puedan salvar de ese sentimiento de soledad que nos acucia como seres sociales que somos. Todo sea que se lo pasen por el forro de los….

¿Es un comportamiento anormal, enfermizo o problemático el tener un corazón dispuesto a amar o querer no a uno, sino a más de uno, a más de dos? ¿Es errático mantener tales romances sin un compromiso verdadero, si un principio ni un final, al mismo tiempo que una vida éticamente promiscua? ¿Realmente acabas tan vacío como muchos relatos te dicen que acabas cuando llevas una vida como la mía? ¿Tan obligatorio y tan significativo es encontrar a una única persona con la que pasar el resto de tus días? No niego la belleza del amor en ninguno de sus aspectos. Pero si me dices que voy a envejecer sin casarme y que voy a dormir en una enorme cama yo solo hasta mi muerte, tampoco me preocupa. Quizá me reencarne en un pingüino y mi próximo destino sea ese, elegir a una única pareja para toda la vida y morir tras ella. Pero hoy, en mi veintena, dudo que esto pueda ocurrirme.

Ya puedes comprarme la luna para que yo caiga de esa manera. (Eh, Don Patricio)

El mundo me ha explicado que posiblemente se deba a mi apreciada juventud, divino tesoro. El mundo me afirma que en algún momento todo esto se me pasará y que al final tendré que elegir entre uno y otro, porque quedarme con los dos no es posible, que no se puede tener todo en la vida. El mundo juzga a los que como yo, comparte besos y gemidos con todo aquel que les dé su consentimiento. El mundo lo relaciona con mi marcada homosexualidad y me estereotipa como un libertino inmoral. O sencillamente, me califican como alguien que nunca sabrá amar o que no merezco ser amado. ¿Y si resulta que tanto es el amor que guardo entre mi pecho y espalda que soy capaz de compartirlo y dividirlo en más de un tío? ¿O tía? Mi sexualidad a veces fluye según la impresión que me causes ¿Y si tengo el lujo de tener mínimo un polvo a la semana? ¿Y si tengo el lujo de vivir en una comedia romántica cada tres meses en un periodo de tiempo limitado? ¿Y si puedo tenerlo todo a nivel emocional y afectivo sin comprometerme con alguien en una monogamia o formalidad que no deseo?

¿Debo renunciar, repito, a la paleta emocional que me ofrecen todos los que he incluido en esta entrada? Porque estoy seguro que tú que lo has leído, y que posiblemente hayas probado mis labios y hayas entrado en mi cama, sabes que hablo de ti. ¿Debo renunciar a tu piel o a tu manera de entender la humanidad porque es “malo” que otros me ofrezcan lo mismo y yo lo acepte? ¿Es malo que comparta mi tiempo y mi espacio con otras personas dispuestas a darme, de una manera distinta y quizá opuesta, aquello que también acepto de ti? ¿Me estoy equivocando al decirte abiertamente que todo esto es lo que busco y que todo es lo que soy?

En instrospección no me considero mala persona. Creo que soy bastante honesto con quienes convivo sentimental y sexualmente y saben perfectamente el papel que ejercen en mi vida. Saben que pueden elegir, que pueden buscar otros caminos, otros cielos y otros infiernos que no sean los míos. Yo solo soy naturaleza que cambia según la estación, según el frío, la tempestad o el fervor que llegue. En instrospección, considero que soy muy afortunado sabiendo que ellos me eligen a mí a pesar de que yo no sea convencional, que no tengamos futuro. A pesar de que sepan que no entiendo la vida de otro modo que no sea este: Sin imposiciones, sin ataduras, sin normas, con respeto y mucha pasión.

Está claro que no es la vida que la mayoría de personas desea (por no decir ninguna que conozca). Está claro que vivo según mis normas, que pierdo la razón y la coherencia en muchos aspectos al enfrentarme a lo que ya existe. Está claro que alguien siempre sale herido y que muchas veces soy yo. Está claro que es complicado querer tenerlo todo. Está claro que de todos cuantos conozco acabarán eligiendo el camino que les han enseñado elegir, no por imposición o seguimiento del rebaño, sino porque nuestros cuerpos han sido programados para ir siempre en la misma dirección. Por eso, vivir contra el viento y la marea, conlleva todo tipo de conflictos que son lo que aquí escribo. Está claro que no pretendo levantarme como un baluarte de buenas costumbres, no soy el bastión de la moralidad ni el líder del buen querer. Lo que sí soy es una persona que duerme muy bien por las noches tras hablar con quienes me gustan; una persona que se mira al espejo y dice: madre mía tienes el guapo subidísimo; una persona que se divierte, que obtiene experiencias que ayudan a encontrarse a sí mismo. Y es verdad. Tener el cuerpo, el corazón y la mente tan repartidos, hace que las puertas del autoconocimiento permitan descubrir que uno no es solo lo que le enseñan, sino lo que uno mismo construye, a veces un sex-symbol y otras, un soltero con tendencia al drama, y oye, de momento, mi obra me está quedando magnífica.

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