Ocho letras.

Ocho letras. Cuatro vientos. Ninguna dirección. Ni principio ni fin. Mucha rabia, mucha carne. Los deseos vivos del otro despedazados en uno, como mil cuchillas, como cientos de alfileres. Dos balas en una promesa al que primero dispare, como una apuesta mal intencionada donde todos mueren. Un suicidio con mala compañía. Una mala cercanía.

Me agarras y destruyes. Me odias y te encanto. Te asustas y te escondes. Gritas y me enfado. Dos palabras. Ocho letras. Asesinos de corazones. Insultos masticados. Ladridos de medianoche. Nos mostramos la fauces y nos despedazamos con miradas. La fragua de cuanta furia acumulamos. Una guerra fría… un invierno cruel y un hastío insoportable. Un año muy largo.

¿Por qué tanta ira? ¿Por qué tanta inanición?

Ocho letras. Dos palabras. Una declaración.

Eres egocéntrico, egoísta. Tu maldad y tus desplantes muestran una generosidad nunca antes manifestada. El alcohol te domina y te sincera. Eres honesto a voces y patadas. A coces y artimañas. Engañas con soberbia y antipatía y tu cariño, si lo hay, existe con alevosía y alerta de atentado. Eres una granada de mano.

Me miras, me odias, me besas, me desnudas y me vulneras. Eres la heroína hecha persona, una droga que destruye y mata, que transforma la piel en escombros, pero que engancha y cose, que eleva hacia páramos desconocidos a galope… Contigo también se vuela y tus plumas de pájaro rebelde, acogen… para estrangular. Carroñero y rapaz. Diecinueve años y nadie te enseñó a amar.

Todo eso eres y todo eso me haces. Pero no quiero que cambies.

Mientras yo te veo y te descubro. Mientras yo te respeto y te espero. Mientras yo te acepto, te justifico y te perdono; afirmas pedir paciencia. Yo pido paz. Solo aprecias mis defectos para tener la pólvora con la que detonar toda tu vileza; con la que alimentas tu coraza y tu contradicción. Eres un humano alimentado en la noche y abastecido de oscuridad y aún logro ver en tus ojos orgullosos, un brillo que enciende los silencios de las cosas buenas que nunca nos decimos. Que nunca repetimos. Yo soy un animal buscando la luz que no se me concedió, repudiado por ti y tu levantamiento de armas. Eres una fortaleza de misterios y yo un gato curioso dispuesto a morir. Te beso, te agarro, te enfrento a mi sinceridad, te grito, te agredo y te escupiría a esa cara tuya tan apetecible. Para mi desgracia, me haces reír.

Me odias, me quieres, siempre contracorriente…
Te llevo en mi mente desesperadamente,
por mas que te busco,
Eres tu quien me encuentra…

Malú

Somos bestias de diferente naturaleza: Tú un pájaro sin jaulas ni cielos que respetar, volando siempre en libertad, sin saber valorar ni al tiempo ni a la verdad. Yo un lobo que le aúlla a las lunas de tus ojos y al brillo de tus dientes. Que se mete el rabo entre las piernas aunque te encuentra impertinente. Un animal en celo que te quiere en su manada, aunque prefieras los golpes y batallas.

¿Cuándo frenará tanta herida abierta? Nos gusta desangrarnos para comprobar que en efecto no somos invencibles, y nos mordemos la lengua antes de asumir que hemos perdido: indefendibles. Metemos nuestros dedos en las llagas del otro y esperamos a ver cuál de los dos cae antes. Ya no espero que te adaptes.

Guardo la esperanza en un frasco muy pequeño que flota en un mar de dudas, muy lejos de mí. Levé el ancla cuando te vi rozando la debilidad, cuando te conocí infantil, cuando te encontré, por primera vez, perdiendo (bebiendo).

Oigo tu piar entre la colinas de mi cuerpo y lo silencio con los ecos de mi pecho. Revoloteas en los recuerdos que me prometí abandonar, y los supero sabiendo que nunca estuve equivocado. Que eres especial, valiente y todo maldad. No mereces la pena, eres mi condena.

Ocho letras. Dos palabras. Una declaración.

Harto estás de la misma canción. De mis versos de fantasía y alucinación. De mis frentes abiertos y de mis historias endulzadas. Hartazgo es lo que padezco ante tu negativa, tus celos y tu ira. Cansancio es lo que manifiesto cuando de nuevo te encuentro. Vuelves y vuelvo. Me empujas y caigo. Me muerdes y te tengo.

El Jilguero repelente y el Lobo que se arrepiente.

2 comentarios sobre “Ocho letras.

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