Mi apasionado encuentro con un Entrenador Pokémon

Bien, en esta ocasión os traigo una historia de la que he podido sacar unas cuantas conclusiones y unas cuantas anécdotas. La primera de todas ellas, es que las personas pueden llegar a sorprenderte siempre a niveles que ni a mí, como intento de escritor, se me ocurrirían. Mi vida, vivida como un personaje de Gossip Girl, es capaz de ofrecerme sorpresas que al final son oportunidades para descubrir un tesoro oculto.

Eso me pasó con Entrenador. Le vamos a llamar así, no por su inverosímil buen estado físico, sus anchas espaldas y sus brazos fuertes y macizos… sino porque en su corazón se ha hecho poco a poco con todos los que considera importantes en su vida… Y bueno, es un gran seguidor de Pokémon y eso me parece adorable. Él parece un tío duro y serio y de repente te le encuentras vestido como Ash Ketchum un día en carnavales. Y supongo que es digno de admirar que una persona pueda ofrecerte dos cosas tan puestas y que le definan tan bien. Detrás de su aspecto duro y áspero, se esconde un malvavisco dispuesto a ser conocido (y ¿por qué no?, mordido) Pero claro, primero debes agasajarlo con el fuego del tiempo, la experiencia y la paciencia. Nadie dijo que las amistades crecieran en el suelo como las malas hierbas. (Aunque muchos os empeñéis en aferraros a ello).

Supongo que es en esta acidez en la que coincidimos todos mis amigos y yo. Entre todos entendemos nuestros niveles de maldad y hasta donde podemos llegar con ellos, sino ahí estaremos para frenarnos… o no.

Mi amistad con Entrenador (anda, como en New Girl) nació en un conflicto que vino mucho después de otro. Y en el que tiene cierta presencia, Manhattan. De todo esto ya hace casi dos años… El tiempo vuela cuando te lo pasas bien y estás bien acompañado.

Durante el final de mi tormentosa amistad con El Dorado, tres personajes se colaron en mi vida sin yo saber, más tarde, lo que eso siginificaría. Manhattan, al que bien conocemos, El Novio Perfecto (del que ya os hablaré más adelante ♥) y por supuesto, Entrenador. Fue una de los muchísimos viernes en los que la teoría del hilo rojo, parecía atarse a nosotros, sin nosotros ser conscientes. Os cuento.

Manhattan, llegó a mi vida por medio de El Dorado. El cual era mi mejor amigo de la uni. Entrenador llegó con Manhattan. En esa fiesta se encontraba también Black Winter y el Crush. Cada uno de su padre y de su madre, con vidas totalmente distintas, unidos por el poder del alcohol y la noche, sin saber que con el correr de los veranos, acabaríamos todos siendo familia…. Bueno, menos el Crush que ahora es feliz con un novio rarito, y El Dorado que está atento a otros asuntos.

Lo que viene siendo un culebrón que en el mundo marica no es tan raro. Aquí todos hemos sido amigos, polvos, novios, ligues o compañeros de Y o YY. Y todos nos acabamos conociendo.

El caso, por aquel entonces, Entrenador, que sufre de una patológica lealtad hacia su grupo de amigos, recelaba de mí, y el sentimiento era mutuo. A él, El Dorado, entonces novio de Manhattan, no es que le cayera muy bien. Claro que a Entrenador nadie la cae bien de primeras, lo que hace difícil el trato con él. Yo mismo lo comprobé, con lo que no me llevé ninguna sorpresa cuando en un momento de la noche empezamos a discutir sobre las relaciones abiertas y monógamas. Recordad que yo por aquel entonces me encontraba con Ícaro y que defender nuestra relación a capa y espada era mi pan de cada día. Por el contrario, Entrenador, defendía su entonces relación monógama. Pero como no me daba la gana de comprender su postura porque para borde y asqueroso yo, pues a grito pelado bajando por Martín de los Heros nos encontramos en una disputa sin fin. Así es como pronto, al entrar en la discoteca, olvidé su nombre.

No volví a coincidir con Entrenador, hasta la ruptura de El Dorado y Manhattan. Me los encontraba, para variar, en Cuenca Club y poco más. Su vida no me interesaba… hasta que su vida y la mía empezaron a compartirse.

Verano de 2017.

Manhattan y Cam comienzan una extraña relación basada en el salseo y la confraternización con el escándalo. Deseaban ser vistos y que todos cuantos conocían su historia en común pusieran el grito en el cielo… Y así fue. Los amigos de Manhattan se encargaron, sino todos, unos más que otros, de demostrarme que era persona non grata en su grupo. Al cual yo acababa de llegar como un polizonte, pero de una manera completamente accidental, como todo en mi vida. Entrenador, no se mostró especialmente inmisericorde conmigo, pero tampoco fue el abrazo de bienvenida que os esperáis. Él era leal a sus amigos. Yo había sido desagradable con ellos en otra ocasión. Cada uno recibió sus dosis justa de animadversión, y me tocaba a mí. Tampoco es que yo buscase su aceptación, iba a mi aire con mis aires, para variar. Yo acababa de quedarme sin amigos y buscar un grupo nuevo con el que decepcionarme no era mi propósito aquellos meses.

Manhattan tuvo su primer début en Cuenca Club como DJ y organizó una pintoresca cena con copas en ese maravilloso sitio al que ya no vamos y que tantas historias nuestras alberga: El Cosmopolitan. Pintoresca porque nos reunimos muchas personas que hablaron entre ellas, pero no conmigo. Por suerte yo me cubrí las espaldas y acudí con el único amigo honesto que me quedaba en aquellos tristes días de estío: Dante. Del cual os hablaré en otra ocasión. Esa noche, Entrenador y el resto de amigos de Manhattan se aseguraron que de todas a todas yo me percatara de lo mucho que yo estorbaba y decidí que en efecto no pensaba luchar por una amistad que no me estaba trayendo nada bueno.

Todos sabemos el resultado: Manhattan sí luchó por mí.

Esa lucha concluyó en una absurda decisión entre los Reinos Poblados (sus amigos) y el forastero (yo). Todos debían votar si me quedaba o no. Dos de ellos, se opusieron con espadas y dragones a que Cam pusiera un pie en sus tierras. Manhattan directamente partió hacia su propia convicción y apostó por mí. Me subió a su caballo y antes de partir, esperó la respuesta del último Imperio de su amistad que quedaba por hablar: Entrenador. Finalmente, Entrenador, lanzó su corona contra los dragones de los otros dos, y cabalgó con nosotros hacia nuevos horizontes. Y sin querer, junto a El Novio Perfecto, que nunca tomó parte, los cuatro formamos un círculo estable que al día de hoy se mantiene.

Pero la cosa no acaba ahí. Hasta que Entrenador y yo tuvimos una charla cercana y profunda, hizo falta un viaje en coche al atardecer de Valladolid a Madrid. Yo seguía sin coger confianza con él. Estaba vulnerable y él no se mostraba fácil, accesible o receptivo aún conmigo. A Entrenador hay que saber pillarlo, y en aquel septiembre, aún creía que me odiaba. Pero no. Nada que unas canciones de La Oreja De Van Gogh y un cielo púrpura sobre la carretera, no pudiesen arreglar.

Esa fue la primera vez que me dedicó una sonrisa de absoluta confianza.

Después de aquello, supe que había encontrado otro amigo en el que confiar. Otro amigo con el que pude desahogarme con todo el tema de Huracán Patronus. Fue el primero en saber lo que estaba pasando y quien me ayudó con la mudanza cuando abandoné el piso que compartía con Ícaro. Además, como giro argumental de todo, nos convertimos en ese febrero de 2018 en compañeros de piso. Los dos nos mudamos sin pensarlo, a las habitaciones que Dante tenía libre en Embajadores. A mí me salvó de la tediosa búsqueda de piso con desconocidos y a Entrenador de seguir viviendo con sus padres. Y durante diez meses, formamos el Backstage donde también vivió mi gata Abril y donde se vivieron episodios de lo más curiosos…

Y aquí llega el motivo del título de esta entrada. Mi encuentro con Entrenador ocurrió una noche en la que acudimos a una fiesta que nunca triunfó, llamada Hormona, donde por cierto pude ver a la polioperada Malena Gracia. Muy maja ella, dándolo todo como Loca (eh, *sonido de platillos*). Bien, yo había bebido en demasía, para variar. Y él otra poca. Su habitación estaba contigua a la mía y yo, femme fatale experimentada, me metí en su cama. Pero lo hice por un motivo que muchos entenderéis y otros llamaréis a la policía por acoso sexual: quería y necesitaba demostrar que tenía razón.

Para nada creía que Entrenador sintiera algo por mí y mucho menos yo sentía algo por él, más que una picajosa y entretenida amistad. Simplemente él se veía constantemente sorprendido de mi éxito con los tíos, del mismo modo que se le llenaba la boca afirmando que jamás tendría algo conmigo. ¿Tan poco atractivo me cosnsideraba? El ego de @Egobolus no viene de adorno (en realidad, es casualidad, no tiene nada qué ver). Herido y ofendido por una larga conversación que tuvimos aquella noche volviendo a nuestra casa, decidí que para p**a y mala, yo. Así que volvamos: Me metí en su cama, en intencionada ropa interior y fingí que solo quería dormir acompañado. Éramos amigos, él tenía una cama de matrimonio, ¿qué podría pasar? Pues echadle imaginación que no pienso dar detalles.

Al día siguiente, tuve un delicioso sabor de boca. Solo quería tener algo que restregarle a la cara cuando no entendiera mi turbulenta vida sexual/sentimental. Pero entonces pensé: “Camilo, éstas haciendo lo mismo que con tu anterior grupo”. Y sí que me entró cierta culpa al pensar que todos mis problemas era provocados en principio por el sexo. ¿Por qué tengo esa tendencia inexplicable a acostarme con todo el mundo? Yo era el entrenador pokémon de las relaciones: tenía que hacerme con todos, ¿de verdad?. Había convertido algo tan íntimo para algunos, en una instrumento de juego y broma con el que manipular a alguien que consideraba mi amigo… Tuve miedo por unas horas de haber estropeado algo que había costado sudor construir. Cuando volví a verle, esperé una reacción por su parte. Pero no. Actuamos con completa normalidad y es una anécdota que contamos hoy con gracia y naturalidad: Dos amigos que en una borrachera se acostaron. Todos nos reímos y nuestras vidas no se congelan ahí.

Eso me resultó asombroso al principio. La gente de mi entorno suele hacer un mundo de encuentros de este tipo. Las amistades se rompen, la gente se pilla, todo se complica. Muchos son incapaces de verse desnudos y admitir que fue solo eso, un paseo esporádico en el cuerpo del otro, no una estancia duradera y sin fecha de caducidad.

Pero con Entrenador todo fluyó.

Con el tiempo, Entrenador me ha llevado a demostrar que hay corazas y armaduras que están hechas para soportar lo que les venga encima. Que a veces lo que parece dureza y antipatía, simplemente es timidez y falta de confianza en los demás. Otras veces no, otras veces es dureza y antipatía, pero esas son menos. Entrenador se quedó conmigo y mi amistad cuando tuvo la oportunidad de elegir otros caminos y otros dolores de cabeza que no fuesen los que yo provoco cada fin de semana. Los dos nos dimos la oportunidad de profundizar en el otro y descubrir que hay amistades camufladas bajo pieles de acero y de hacernos, como mínimo, Inolvidables el uno al otro.

Un comentario sobre “Mi apasionado encuentro con un Entrenador Pokémon

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s