El Karma de Cam

Quiero acabar el año contando las últimas peripecias por las que he decidido irme a la mierda…. Nah, que me han hecho… ¿Pensar? ¿Tomar en serio ciertas creencias? ¿Reforzar una filosofía en la que ya creía? ¿Replantearme mi existencia? ¿Organizar un suicidio digno? ¿Pensar, otra vez? … lo que sea.

Es fin de año y al igual que todos los seres educados en la creencia que al tomarnos las 12 uvas podemos cambiar nuestros hábitos, nuestro estilo de vida o estar más cerca de nuestros sueños, por absurdo, simple, esperanzador y supersticioso que resulte, yo también caigo todos los años en la ilusión, el optimismo, el estusiasmo de plantearme ciertos objetivos con los que motivar mi patético porvenir. Pero este año, además con más fuerza. Poniendo todo el peso a favor de la fe (no la religiosa por Zeus, qué horror) y confiando en que todo mejore. No es que desee ganarme la lotería como el resto de los mortales que comparándola, gastando sus energías cada año mirando la tele llevándose una desilusión tras otra (mis padres, por ejemplo, yo JAMÁS he comprado lotería ni lo haré). Pero sí me he propuesto recolocar lo único que me ha demostrado su existencia: El karma.

Prólogo.

Yo no soy un entendido en temas de este tipo, tampoco me he mostrado terminantemente interesado, pero si debo creer en algo para justificar la contaminante existencia del ser humano son las dos fuerzas que a mí, un romántico empedernido (romántico del romanticismo no Jack el de Titanic, que ese era un mindundi) me hacen escribir día tras día mis dramas: el destino y el anteriomente mencionado el karma.

Pero en esta entrada me centraré en el segundo.

¿Por qué os cuento todo esto? bien… nos remontaremos a 1995, un 22 de marzo. Eran las 23:35 de aquel miércoles, cuando un niño gordo, con el pelo como la pez, los ojos como aceitunas y los labios como un botón rosa, nació. Entonces, a partir de ahí durante 23 años la vida de todo hombre, mujer, niño, niña, perro, perra, gato, gata y un largo etcétera de seres vivos, se vio afectada por un sinfín de situaciones inexplicables que se veían exacerbadas al drama a medida que se acercaba este joven. Por supuesto es un teoría que yo, como protagonista de este blog con tendencia al egocentrismo propio de un escritor decadente, se ha sacado de la manga porque le ha salido de los h….

No ando muy equivocado cuando soy consciente de la fuerza arrolladora que yo desprendo. Me acerco a alguien y de repente, drama. Me lío con alguien y es raro que no haya drama. Me hago amigo de alguien y nuestra vida se convierte en un best-seller vivo. Por una lado, chachi, porque así tengo cosicas con las que entretener a mi no muy extenso círculo de lectores. Por otro… hasta el mismísmo pensar. Porque así me la paso día y noche (sobre todo las noches): pensando. Maquinando. Buscando la forma de salir de los líos en los que me meto y en los que se meten mis allegados. Sufriendo con una empatía que nunca manifiesto lo que otros sufren… bla, bla.

En esta ocasión os traigo una copilación de embrollos en los que yo mismo me he metido y que han ido explotando todos solitos en la cara. Como un castigo divino subido del mismo infierno para llamarme la atención. Satán debe estar harto de que todo el mal me lo lleve yo o algo. SINO NO ME PUTO EXPLICO TODO LO JODIDAMENTE MAL QUE ME HA IDO ENTRE LOS MESES DE NOVIEMBRE Y DICIEMBRE.

Primer acto: El crimen se cobra con crimen.

Empecemos por aquel viernes noche en el que mis maravillosos amigos La Diabla, Manhattan y Black Winter, decidimos que ir a Cuenca Club era la mejor idea. Total, ¿qué hay mejor para hacer un viernes noche tres solteros y un juerguista? La Diabla es una espectacular pelirroja denominada también La Invicta: No hay forma de verla cansada tras varios días seguidos de fiesta. La combinación perfecta.Los cuatro, dispuestos a beberse la fuente de Plaza España si esta emanara cerveza. Nos emperifollamos, bellos, como siempre. Y nos dirigimos a pasar un viernes que ni por asomo creíamos íbamos a ser tan inolvidable… No voy a entrar en detalles sobre la fuerza de maldad que emanamos aquella noche, porque probablemente La Justicia acabaría por buscarnos. Solo puedo decir un par de cosas relevantes al asunto:

-Yo quise hacer lo correcto y fueron ellos los que me ofrecieron morder de la manzana de la discordia. Y mordí mi trozo porque uno es bueno, no aburrido.

-La borrachera fue sin duda, de las mejores. Menudo fiestón, todo hay que decirlo.

Inolvidable.

Todo fueron santas pascuas hasta la semana siguiente. Por alguna razón, el karma estaba maquinando la mejor forma de hacernos pagar por tanta ilegalidad y tanta frivolidad. Las fuerzas del equilibrio, se preparaban para un espectáculo sin precedentes, pues en las dos semanas siguientes a este viernes inolvidable, el único que pensó con rectitud pero acabó sucumbiendo al mal, salió mal parado. Y nunca mejor dicho.

El viernes siguiente volvimos al lugar del crimen. Cuenca Club podría ser el escenario perfecto para mi próxima novela y podría titularla en honor a Dante Alighieri: La Divina Cuenca. Donde podría contar como al bajar a las profundidades de la misma, viajo a través del tiempo y el espacio conociendo todo tipo de personajes; creando la atmósfera propia de mis Imposibles; y explorando la intrínseca naturaleza de nuestra sociedad actual: sus motivaciones y deseos para perseguir una juventud eterna viernes tras viernes. No sé si podría recopilarlo todo en un solo libro, y no sé si ese libro llegaría a ser escrito en verdad, no tengo tiempo de hablar de otros y para contar dramas gais, tenéis Netflix.

El caso, en mitad de nuestro escenario habitual, Cam, es decir yo 🙂 , concidió con José.

Ajá, ¿sabéis quién es José? pues es quien me ayudó a hacerme las fotos con los de Élite el día que me convertí en fan. Ahí, estaba con esos ojos tan alegres como siempre. Más mono él. Testigo y víctima del primer golpe de mi castigo. Y nunca mejor dicho.

Nos dirigíamos a mi casa él y yo. A una calle de la misma estábamos cuando dos auténticos delincuentes decidieron darnos los buenos días aquella madrugada atestándonos golpes y robándonos. Ahora lo cuento como una situación cómica y me río del asunto, pero no lo fue. Mayormente poque entre patada y patada que recibía en mi cara, yo intentaba hablar con ellos. Pedirles explicaciones de lo que ocurría. Tratar el tema con civismo y diplomacia, en vez de defenderme como nos enseñan a los hombres unga unga a defendernos. Que aunque creáis que no, afecta que todos te pregunten: ¿Y no hiciste nada? Yo les habría metido cuatro hostias.

Claro, eso es lo que todos habríais hecho. Porque todos sabéis reaccionar ante una cosa así. Porque yo soy el único pringado en toda esta humanidad dispuesto a hablar con los atracadores y a comprender su situación, en vez de defenderse a golpes. Bueno, ese soy yo.

Beso precipicios y charlo con ladrones.
Me encapricho de fantasmas y abrazo a los traidores.
Creo que Nancy Botwin (Weeds) me representa categóricamente. Ella es yo pero siendo madre y traficante.

La aventurilla concluyó conmigo sin teléfono móvil, la cara magullada y medio cojo. José salió mejor parado y fue el fuerte. Quien llamó a la policía y mantuvo la calma y el control de sus emociones mientras yo permanecía ausente y me sentía culpable por no haber hecho nada más.

Al día siguiente yo me levanté a trabajar, hombre por supuesto. Con la cara hinchada y la cojera y un dolor punzante en el hombro, me acerqué a mi trabajo. Pero claro, en ese estado me mandaron a casa. Pero eso no quitó que al día siguiente y media caja de ibuprofenos después me fuera al Tanga. A ver, tuve fuerzas de irme a trabajar, tenía fuerzas de irme de fiesta. Lo gracioso es que ese mismo fin de semana La Diabla y varios compañeros de trabajo mas recibieron también una pequeña paliza así como otro robo. Y siendo la misma semana, a otra compañera del trabajo le rompieron un brazo. Casualmente, los mismos que fuimos despedidos esa misma semana.

Y ahí la segunda penitencia de mi karma. El segundo acto: Al Paro.

Una oleada injustificada de despidos en mi trabajo. Ya sabéis ese restaurante al que tanto amor tenía. Ese lugar donde había conocido a personas maravillosas. Donde trabajaba con Manhattan. Donde Black Winter y la Primera Drama (actual pareja de Manhattan) iban a vernos y donde tan bien se trabajaba y tan bien nos lo pasábamos. El que me permitía vivir en Madrid al nivel que lo hacía. Ese mismo trabajo que ahora está tan cerca de mi actual piso. Ese al que ya no quiero ni entrar. Fui despedido por ningún motivo en particular, pero por todos los motivos en general. Improcedente lo llaman. Y así fue para todos, y así lo firmamos. Diez personas, DIEZ. (de una plantilla de catorce aproximadamente sin incluir a los jefes) fuimos enviados, bailando la conga a la cola del INEM. Más bonicos todos nosotros ahí el día que firmamos sin nada que hacer bebiendo cerveza en el bar de al lado. Toda mi familia del curro desmembrada por el capricho inexplicable de un patrón blanco que, en un ataque de ira, se devorará a sí mismo. Yo creo que se va a despedir harto de sí. (Adjunto meme de los Spidermans que son iguales).

Lo que me lleva al tercer acto de mi castigo: Jefes que no nos quieren.

Evidentemente días después de conocer mi estado laboral, (segunda semana después del robo), empecé a mover algunos hilos. Algunos contactos que tenía en la agenda, para empezar. Ya sabéis que en Madrid y en el mundo muchas cosas funcionan por las buenas relaciones. Pero también debéis saber por experiencia propia que otras muchas cosas dejan de funcionar por las malas decisiones.

Contacté con un ligue (y qué ligue). Un hombre sin duda de los más atractivos con los que he podido coincidir en esta vida. Encargado de un restaurante, y prácticamente el segundo al mando. Un hombre con el que yo creía, tendría alguna oportunidad laboral. Un buen restaurante, un contrato aceptable, un sinfín de buenas vibraciones. La mañana que me llamó y me dijo que había un puesto vacante fue la misma mañana que recibí un mensaje. De hecho la llamada y el mensaje los recibí al mismo tiempo. Solo que el segundo lo leí después de colgar.

En el mensaje, el remitente me pedía opinión. Estaba aborrecido y desilusionado en su trabajo actual. Cobraba poco pero las oportunidades podían ser mejores con el tiempo. El caso es que esa misma mañana había recibido una oferta en un restaurante. El gerente (que no el encargado) había contactado directamente con él para ofrecérsela. ¿Adivináis por dónde van los tiros? Exacto. Era el mismo puesto en el mismo restaurante por el que yo estaba pujando con mi ligue. La diferencia: a él lo había llamado, como he dicho antes, el gerente. ¿Quién era el remitente de este mensaje? Mi ex, Ícaro.

¿Quién era el gerente? Esa es la pregunta importante. Pues era un amigo mío con el que llevaba meses sin hablar, sin vernos, ni dirigirnos la palabra. ¿Por qué? Bueno, aquí la explosión de un karma acumulado desde el Pride 2018: me lié con su ex. El cual ahora, podría ser su prometido.

. Me lié con su ex y al día siuigiente volvieron. Debo ser un pegamento para las relaciones o algo… Yo dejé de hablarles por vergüenza. Ellos, supongo que se alejaron por lo obvio. Cam el Destrozahogares no debía estar tan cerca de un posible matrimonio.

Así que desistí de ese trabajo. Porque sabía que no podía salir nada bueno (en el extraño caso de que ocurriera) de trabajar con mi ex, mi amigo y su novio con el cual me lié, y mi ligue. Todos juntitos en el mismo sitio…. No me dá el blog para tanta tensión. Le dije a Ícaro que aceptara y que no pensara en mí. Total, a mí desde luego ya no me iban a ofrecer nada.

Cam y sus malas decisiones. Todo en cuestión de días. Todos problemas reales y para variar no todos tenían que ver con romances fallidos, o líos desafortunados… JÁ.

Cuarto acto: ¿Qué más te puede pasar Camilo?

Noviembre terminaba. Yo ya había asumido mi derrota ante la vida y solo me quedaba salir de fiesta, emborracharme y prepararme para mudarme con Manhattan.

Y así lo hice, pero una de aquellas noche se vio estropeada por mi discusión con Jilguero (porque no creáis que esa historia tiene fin… Soy un jodido adicto a los Imposibles, pero en este momento, sobre todo, a él). De momento la única preocupación sentimental de mi corazón, era tratar de olvidarlo.

“Cam, Jilguero no es para ti, déjalo, supéralo, pasa página”.

Eso me dicen todos, pero como yo nunca escucho a nadie. Ahí seguía yo, sufriendo por decirle adiós una vez más en intercambiador de Moncloa aquel amanecer. Creo que no me cansaré de despedirme de él porque sé que de momento nunca es para siempre.

De momento…

¡Que de caminos toma y qué de razones se da el corazón para llegar a lo que desea!

-Alejandro Dumas.

Para entonces vino mi mejor amiga en el mundo, Mi Novia Secreta (larga historia que ya contaré), Mi Dolores (como apodo cariñoso), mi todo. Y con ella nada podía salir mal. De hecho todo iba viento en popa hasta aquella noche, en su tercer día de estar conmigo. Yo le contaba mis dramas, porque nadie mejor que ella entiende mi sensibilidad ante la crueldad que reparte el agónico estado de permanecer vivo. Y todo podría acabar bien todo podría salir bien, porque teniéndola a ella, ¿qué más podía pasarme? ya todo no podía ir a peor….

…Otro mensaje en mitad de la noche. Ícaro acababa de conocer a su nuevo compañero de piso. No daba crédito a lo que sus ojos estaban viendo y no podía creerse lo que estaba pasando, pues su nuevo compañero de piso, con el que a partir de ahora compartiría parte de su vida diaria, no era otro, nada más y nada menos que: Huracán Patronus.

¡Qué guay, ¿eh?! !Qué puta diversión! ¡Qué jodido chiste era mi existencia! a un año de haberlo dejado con Ícaro porque me había enamorado de otro, va ese otro y se va a vivir con él. Por supuesto, cuando lo comenté entre mis círculos, muchos no tuvieron la sensibilidad ni el detalle de ser discretos. ¿Para qué? Mi cabeza se llenó de comentarios tan dañinos como:

-Uhh ya verás esos dos.

-¿Te imaginas que acaban juntos?

-Madre mía, habitación con habitación.

-Verás en Cuenca todos juntos de fiesta.

Y un largo etcétera de cosas que aparentemente son inocentes, pero que yo, con el cerebro desestructurado y malintencionado que tengo imaginaos como me sentía. Bueno y me siento, porque mi imaginación no deja de elucubrar situaciones que realmente confío no están ocurriendo.

Con todo esto ¿cómo no me iba a poner a reflexionar sobre mis acciones? Todo cuanto hago, acaba siempre por afectarle a alguien de alguna manera para finalmente repercute en mí. He llegado al 31 de diciembre de 2018 con más pérdidas que ganancias. He dejado la universidad, he perdido mi trabajo, los dos hombres a los que les arrojé mi corazón viven juntos, estoy encaprichado de alguien que no se imagina lo muchísimo que pienso en él, me han pegado (desde el instituto no me enfrentaba a una pelea) y he sufrido mi primer atraco en Madrid. En Madrid… todo ha ocurrido en Madrid, donde cualquier cosa puede pasar. Y dónde todo me sigue pasando… ¿Cómo no voy a reflexionar sobre el karma si claramente existe una fuerza sobrenatural que se encarga del equilibrio causa-efecto de las gilipolleces de los mortales?

Epílogo:

2019 debe ser un año para intentar empezar de cero. Dejaré de acudir al pasado como inspiración. Imposibles cierra sus puertas como sección. Y acabaré por abandonar todo cuanto me hace daño… Quizá Madrid, quizá el alcohol, quizá mi tendencia suicida a esperar cosas de los demás, quizá mi inmadurez, quizá el drama… Quizá todo y a todos.

Nunca se sabe, los deseos están puestos al alcance de 12 uvas. Y yo nunca me tomo las 12… que me atraganto.

Venimos del mismo lugar, de un año de mierda,de rabia sexual […]de follar con desconocidos para evitar algunas preguntas que no sé contestar.

Miss Caffeina

Un comentario sobre “El Karma de Cam

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s