Huracán Patronus III: Diciembre

Parte III

Hilo de Tuits dedicados a Huracán Patronus

El hilo anteriormente adjuntado se lo escribí a Huracán Patronus escogiendo cada una de las cosas que en una conversación no era capaz de decir. Escribir siempre es la mejor manera de organizar lo que siento y de expresarme con exactitud.

Tras la ruptura con Ícaro, recuerdo que Huracán Patronus se quedó bastante rayado. De alguna manera se sentía culpable de todo lo ocurrido. Que yo decidiera en un momento dado tambalear mi vida, cortando mi estabilidad y dejando a mi novio de casi seis años por un futuro bastante incierto en el que muchas veces le incluía a él, era algo con lo que no podía cargar. Hubo tantas conversaciones en las que siempre se trataba lo mismo: yo estaba seguro de continuar con todo aquello. De lazarme a la piscina y de intentarlo y él, ni siquiera sabía definir lo que estaba sintiendo por mí. Evidentemente yo mantuve el no siempre por delante. No podía dar por hecho que él decidiera corresponderme de la misma manera; no podía decidir por él estar enamorado de mí; no podía obligarlo a quererme o a intentar tener conmigo algo más que lo que ya teníamos. No podía tampoco adivinar lo que pasaba por su cabeza.

Una de nuestras últimas cenas, el tema de que posiblemente no acabásemos juntos salió. Era algo de lo que debía hablarse. Él no me podía permitir que y me ilusionase y yo siempre le agradeceré que no me dejase ir comprando el vestido sin haber antes fiesta. Pero uno es persona y en el amor la esperanza es lo último que se pierde… Cuando se quiere toda posibilidad es susceptible de hacerse realidad. Aquella anoche me dijo:

-Te voy a pasar una canción porque quiero que la escuches.

Baby, you and I got history and we can’t deny our chemistry, so why the fuck are we a mystery? Let’s just go with the connection, give me your affection.

Demi Lovato

De esta canción pude haber sacado todas las conclusiones habidas y por haber. Pero la única que realmente se acabaría haciendo realidad es que nuestra amistad se arruinaría

Con el acercamiento de las Navidades, Ícaro y yo no habíamos hecho oficial nada. Los dos estábamos muy introducidos y aceptados en la familia del otro y decirlo en aquellas fechas con todo el jaleo que suponía el tema cenas, reuniones y emociones encontradas, decidimos mantenerlo en secreto hasta que nos mudásemos. Desde que rompimos hasta que al fin nos marchamos de nuestra casa de espejos, testigo de tantas cosas en tan poco tiempo, pasaron casi cuatro meses. En febrero le conté a mi madre parte de la verdad y os puedo jurar que ella guardó más el luto y la pena por el final de esta historia que él y yo. Pero eso da para otra entrada. Las cenas de Navidad y las fotografías fueron testigos y cómplices de la aparición del fantasma de una relación que hacía semanas había muerto, y que no tenía intención de resucitar. Ya ninguno de los dos llevábamos los anillos que un día nos regalamos como una promesa de eternidad. Ya ninguno de los dos sacaba el tema. La verdad que por raro que parezca fue llevadero convivir con él aquellos meses..

Durante el mes de diciembre Patronus y yo seguíamos algo distanciados y con todo el tema de fiestas y demás apenas hablábamos. Nos veíamos sólo en Cuenca (y si eso). Pero antes de avanzar hasta el 27 de diciembre, debo destacar que en este mes tuvimos lo que fue una auténtica cita. Una cita que debería tener una entrada propia por la inmensa cantidad de conclusiones que saqué y que más adelante me llevó a darme cuenta de que soy una aficionado a las malas decisiones.

Bien. Era la última función de Las Troyanas de Eurípides. Función en la que por cierto vimos actuar a Alba Flores y a Maggie Civantos, lo que nos dejó completamente encantados. Desde el minuto uno en el que nos subimos al metro, noté que un muro invisible nos separaba. Nuestra conversación, aunque no muy distinta de otras, tenía un tinte de egocentrismo y frivolidad por su parte. No puedo decir que Huracán sea alguien inmaduro, pero sí puedo arriesgarme a comentar que es alguien a quien le gusta gustar. Le gusta que estén detrás de él y hasta sabe cómo conseguirlo. Como dejé claro en la Parte II es alguien bastante popular en Twitter. Y aunque yo no me considero exento de este tipo de comportamientos, sí que es cierto que esa búsqueda de atención tan generalizada en todo usuario de redes sociales, acaba por salir de la pantalla y acabamos por adoptar comportamientos propios de las mismas: críticas a otros, enemistades absurdas, guerras de egos inexistentes, rencores caricaturizados, archienemigos y hasta expresiones que son al final memes. Bien, pues de todo un poco e manifestó en aquel momento camino al teatro y fue la primera vez que encontraba en él un defecto. Algo que no había visto antes y que me hizo replantearme si el chico del que yo estaba enamorado era el mismo que el que tenía delante. A esta cuestión me contesté cuando le vi entrar en el teatro y repasar toda la teoría técnica del edificio. Me contesté también cuando veía como no apartaba su mirada del escenario y se dejaba emocionar por las frases de Hécuba, que sin lugar a dudas muchas se quedaron en mi memoria. Por una parte, no quería estar en otro sitio que no fuera con él, pero por otra, algo nos separaba. Aquel domingo él tenía que estudiar y tuvo que volver a casa pronto, pero de su boca salió el deseo de querer estar más tiempo conmigo.

Cuando llegué a casa analicé toda la velada en retrospectiva y busqué todos los fallos, subrayé los elementos que no me gustaban y discutí conmigo mismo sobre lo que acababa de pasar. Dónde no hay un problema yo lo provoco. Soy así.

Nuestro lugar habitual solía ser el metro de vuelta a casa al salir de Cuenca. Ahí pude decirle, con el alcohol en vena pero más afectado por el cansancio que por la borrachera, que me tenía en ascuas.

Me siento como un visitante que está tocando una puerta. Siento que estoy quemando un timbre y que nadie me recibe. Y tú que eres el que debe abrirme o finges no estar o tardas mucho en llegar a abrirla. Me siento como si estuviera en el porche con un ramo de flores y temo que en cualquier momento se marchiten esperando a que me recibas. Las flores se están marchitando frente a tu puerta, Patronus, y no puedo seguir así.

Conversación del último viernes que nos vimos.

Le acompañé hasta su casa y en aquella ocasión recuerdo que no nos dimos un beso de despedida. Nos dimos un abrazo. Algo ya estaba pasando.

Marché a Talavera con Ícaro para pasar las navidades. Patronus y yo habíamos optado por esta dinámica de mantener las distancias y aunque me costara sudor y lágrimas, debía respetar que no quisiera tener a nadie encima de él. Me felicitó la Navidad por IG en un mensaje directo que me pareció frío y distante. Volví a Madrid. Yo tenía que trabajar pasadas la Nochebuena y la Navidad.
Volví el 26.

El 27 finalmente me dijo seriamente que debíamos vernos. Los dos sacamos tiempo de nuestras incompatibles agendas y al fin quedamos en la parada de Delicias. Nunca voy a olvidar ni el lugar, ni la ropa que yo llevaba, ni las palabras que me rompieron el corazón.

Nos sentamos en un banco junto a un Dentix. De espaldas a la boca del metro y a la carretera. Yo llevaba una cazadora vaquera con esa tela interior que simula a la piel de la oveja que ahora se llevan tanto. Iba con las gafas puestas (las de ver) y el pelo recién cortado. No era un día especialmente frío. Ya era de noche. Yo entraba a trabajar y el marchaba al gimnasio: quedamos justo antes. Tuvimos una charla previa rodeando el tema principal hasta que finalmente llegamos a lo importante.

-Llevo mucho tiempo pensando en lo que siento por ti, porque la verdad que no sabía describirlo. -Me dijo él mirándome con esos ojos que un día me atravesaron el alma.
-Me alegro que hayas llegado entonces a una conclusión.-Contesté yo con el temor desgarrando el presentimiento de lo inevitable.
-Sabes que yo nunca quise que rompieras con Ícaro, y que siempre he sido muy sincero contigo… Salvo estos últimos días porque necesitaba tomarme mis días.
-Ajam.
-Me gustas físicamente y me lo he pasado muy bien contigo, pero…
-No soy lo que buscas.-concluí.
Mi corazón se estaba devorando así mismo en aquel momento. Le miré y pude notar que él lo estaba pasando mal. Pero él jamás sabrá lo mal que yo estaba en ese instante. Podía notar de una manera dolorosa e inefable como en esos precisos minutos el fuerte vínculo que se había creado entre ambos, se rompía. Se agrietaba poco a poco y terminaba por arrancarse desde la raíz de mi pecho dejándome una oquedad en sangre viva. Dolía. Dolía tanto que no me explico como no lloré en ese momento. Supongo que mi elegancia y algo de mi dignidad me lo impidió.
-Pero no te enfades.-me dijo poniéndome una mano en el hombro.
-No me enfado.-mostré mis dientes en un intento de sonreír.-Gracias por ser tan sincero.
-Seguiremos hablando. Lo sabes.
-Claro.-afirmé evitando a toda costa su rostro.

Nos despedimos con un abrazo. Yo bajé al metro y se dirigió calle arriba en dirección al gimnasio. Nunca un viaje de Delicias a Moncloa, me había resultado tan espantoso. Tan largo y corto a la vez. Debía enfrentarme al hecho de que al salir de ese vagón no tenía nada. Aceptar que el Huracán Patronus me había arrasado y me había dejado vulnerable, sin nada más que un puñado de recuerdos y sentimientos que me habían cambiado para siempre.

2018

Operación Triunfo puso banda sonora a todos mis sentimientos con canciones tan maravillosas como: Procuro Olvidarte, cantada por Aitana, la favorita de Patronus. Por Debajo de la Mesa, por Ana Guerra, que era mi favorita. Lo Malo, que para perrear borracho y dedicársela como un despechado era oportuna, cantada por ambas.
Del mismo modo, me aprendí de memoria Quédate Conmigo de Pastora Soler, aunque fue cantada por Nerea. 

Rocío Jurado tuvo mucho en la rupura de mi corazón con Se Nos Rompió el Amor y Lo Siento Mi Amor, aunque ya las conocía de antes como la de Muera el Amor.

Por supuesto, Huracán Patronus y yo nos seguimos viendo durante enero y febrero. Nos dábamos dos besos en Cuenca y con el pasar de las semanas el dolor se fue aminorando y ya no tenía necesidad de hablarle por WhatsApp aunque sí interactuábamos alguna tontería por el resto de redes.

Entonces apareció El Jilguero que con su vuelo consiguió que me centrara en otros asuntos, pero no me curó del todo, muy poco tiempo para que alguien como yo olvidase todo lo que el 2017 se había llevado de mí. En la entrada donde cuento toda mi experiencia con él, demuestro claramente mi arrastre, febrero se convierte en un mes crucial. Fue cuando le conocí, pero también la primera vez que me rechazó. Recuerdo aquel viernes con especial nitidez porque su rechazo, su cobra, su tendencia a vulnerabilizarme y a convertirme en un trapo y a deshilacharme, empezaron aquella noche. Tras ese suceso, en el que delante de todo el mundo se apartó de mí como si no me conociera o, peor, le asquease, Pirandello cometió el error de poner las copas a seis euros. ¿Qué pasó? que Cam, herido y humillado se pilló tal pedo que al llegar a casa envió audios a quien no debía y audios, que al día de hoy no me atrevo ni a escuchar de la vergüenza que provocan.

Uno fue dirigido a El Dorado. Y bueno, ese recuerdo que fue corto y amable. Nada que resaltar. Pero el otro, casi tres minutos de audio, fue dirigido a Huracán. Básicamente lo que recuerdo, es que (no sé ni por qué os cuento esto) lloré y le culpé de todo el dolor que yo sentía. Le culpé de que mi corazón no funcionase como debía y le culpé hasta del comportamiento de El Jilguero.

Al día siguiente intenté borrarlo pero ya era tarde. Ya los había escuchado. Nuestra relación de cortesía evidentemente se rompió. Él optó por marcar más aún las distancias para evitar que yo le enviase otro audio de esos y yo, nunca he sentido más vergüenza y estupidez. Incluído el día de hoy.

Manhattan y Black Winter tuvieron que sonsacarme los destinatarios de los audios, pues yo no quería decírselo. ¿Cómo le iba a decir a Manhattan que uno de ellos iba dirigido a su ex y el otro dirigido al chico con el que me estaba liando a sus espaldas? Finalmente se lo conté todo una noche de Delirio de esa misma semana. Le confesé que cuando yo “busqué su beneplácito para liarme con Patronus” ya lo llevaba haciendo semanas. Que me enamoré de él y que acto seguido dejé a mi pareja de casi seis años. Le conté todo cuanto le concernía saber para entender el motivo de mis audios. Yo creí que su confianza en mi acabaría por romperse, pues se sintió bastante dolido. También es verdad que fue el último en enterarse por mí. Pero finalmente todo salió a pedir de boca aquella noche y supo perdonar mi enorme cagada. Por el contrario, Black Winter ha decidido que a Patronus no le piensa perdonar que me rompiera el corazón. Y que ese audio seguramente se lo mereciera.

Lo di todo por superado y de forma llevadera los meses siguientes. Ya tuvo su aparición Tango, y mi obcecación por conquistar a El Jilguero. Vivir mi soltería a pesar de estos dos, etc. Meses y meses de rehabilitación y curación para olvidar los estragos del Huracán Patronus, escondiendo su foto y su postal de París. Evitando tocarme con los vídeos que teníamos (porque tenemos vídeos subiditos de tono)… Evitando leer sus tuits, o ver sus historias…

Poco a poco me fui recuperando de Huracán casi al mismo tiempo que mi autoestima iba desapareciendo con Jilguero. (Tengo una manía muy absurda de solapar relaciones…) Hasta que llegó el Orgullo LGBT.

4 de julio de 2018.

Pregón. Camilo llevaba bebiendo no sé, desde las 19… o así. Bien. Guay.

Por el alcohol. Causa y a la vez solución de todos los problemas de la vida.

Homer Simpson.

Había anochecido. Yo estaba borracho de felicidad para variar. Le zorreé a todo ser viviente y me bebí hasta el agua de la fuente en la Plaza del Rey. Evidentemente, con la gran acumulación de líquidos, mis visitas al baño fueron habituales. Tengo vagos recuerdos de las personas que vi y saludé en esos viajes, pero a ¿quién me fui a encontrar?: Exacto, a Huracán Patronus. Era la primera vez que nos veíamos tan de frente en semanas. Me dejé llevar y le di un abrazo por el que en principio no sentí nada hasta que entablé una conversación con él. Algo afloró, sí y durante unos minutos sopesé la posibilidad de que si caía la oportunidad de llevármelo a casa lo haría. Pero entonces, como caído del nido, con el vuelo herido y el plumaje despeinado, apareció El Jilguero. Y todo lo que concernía a Huracán desapareció.

Dudé mucho. Dudé hasta de mí mismo. Debía huir de ese sitio porque, cuanto más tiempo pasaba más ganas tenía de acercarme. Jilguero estaba mal y pasado de alcohol. Podía verlo y notarlo. No nos separaban tampoco muchos metros. Pero también yo era consciente de que si lo hacía, no serviría de nada. Y así fue. Las únicas palabras relevantes que cruzamos fueron estas:

-Ahí está tu Huracán. Vete con él.

-No quiero. Estoy bien aquí. ¿Quieres que me vaya?-Le pregunté.

Es un interrogante que le formulo muy a menudo, porque la respuesta suele ser la misma o parecida: o un sí rotundo o un levantamiento de hombros. En esta ocasión fue un levantamiento de hombros. Decidí volver con mis amigos y dejar de beber. Un mensaje de Huracán llegó a mi móvil:

-Me hubiera gustado irme contigo.

Yo a la vida: ¿De verdad? Tenía a Jilguero en mi campo visual y a Huracán en línea.

-Basta Camilo.-Me dije mientras le respondía con un simple “jajaja”.-Basta Camilo, tío. Vives en un constante mar de lágrimas por tíos que realmente no te aprecian y no quieren nada contigo. Madura.-Me dije mentalmente mientras me marchaba andando a casa pensando en todos los fantasmas de mi pasado que se reunían una y otra vez a mi al rededor. Como las visiones de culpa que Macbeth y Lady Macbeth viven durante su tragedia, culpables todos ellos, por supuesto, de tanta desgracia.

Domingo 5 de agosto 2018.

Arenal Sound. Concierto de Bad Gyal en Mercurio, porque el calor nos estaba matando como bien cuento en la entrada sobre este festival tan chachi. Huracán, descamisado y sin voz, dándolo todo a unos metros de mí. Me saludaron un par de amigos suyos, él no. Acabó el concierto e hizo como que me acababa de ver. Yo tampoco me acerqué porque mandaba cojones que con lo grande que era el sitio me lo encontráse, aunque tuviera esta posibilidad en la cabeza, la descarté rápidamente a ver la multitud diaria del festival. Tras ese gesto de indiferencia por su parte, decidí que debía decirles adiós a todos los que apuñalaban mi pasado con tal vehemencia.

Volví del Arenal con otra mentalidad, traumas escatológicos medio curados y reflexiones acertadas. Decidí que les diría adiós a todos poco a poco, porque yo necesitaba renovarme, necesitaba salir de ese círculo de dolor y autoflagelación. A El Jilguero directamente dejé de seguirle y le bloqueé del WhatsApp. A Tango con silenciarle me valía, tampoco fue una experiencia traumática. Con Ícaro tuve un conflicto muy grande pues éramos muy amigos y realmente nunca me había hecho nada ¿por qué bloquearle? finalmente no lo hice aunque nuestras conversaciones comenzaron a ser concisas y únicamente para cosas relevantes. Me quedaba Patronus…

Antes del famoso 27 de diciembre, yo por Reyes tenía pensado darle un regalo. Lo hice en Navidad: una camiseta de las Reliquias de Muerte. Pero por razones que ya todos conocemos, retrasé la entrega de la figura de Sasuke (Naruto) hasta un momento idóneo. Llegó su cumpleaños (en junio) pero no nos hablábamos y vernos era aún más improbable. Se lo di a finales de agosto y con él una despedida. La definitiva.

-Quiero que sepas que yo no estoy bien. Que necesito alejarme de todos los tíos y recuperarme. Tú entre ellos.-Ledije sentados en los céspedes de Plaza de España.

Sus respuestas a esto fueron bastante escuetas y distantes. Pero entiendo que al pillarle por sorpresa no supo qué decir.

-¿Puedo hacerte dos preguntas?

-Claro.

-¿Te has avergonzado de mí alguna vez? y la otra, ¿qué tengo de malo para que los tíos que me gustan suden así de mí?

-A la primera, solo me he avergonzado una vez. Con el audio aquel. Pero porque me sentía realmente culpable de todo lo que te pasaba. Y a la otra… No tienes nada de malo. Pero a veces vas a la desesperada, como si te quisieras enganchar a la primera de cambio. Lo parece al menos…

No tuve nada que decir. Mis preguntas tenían razón de ser y decidí que fuera él quien me las contestara. Ojalá hacérsela a todos cuantos he ido dejado atrás en estas entradas…

Huracán Patronus y yo nos separamos en el metro de Plaza España. Él llevaba el paquete en la mano y yo un profundo alivio que terminó en lágrimas. Huracán Patronus, no era para mí, no merecía la pena todo cuanto yo había arriesgado por él y entonces llegué a una conclusión que resultaba lacerante:

Ninguno de ellos había luchado por mí. Ni Ícaro, ni Huracán Patronus, ni Jilguero, ni Tango, ni El Dorado, ni Mambo, ni Meyer, ni La Sombra, ni Chuck Brown, ni La Ladrona. Todos me vieron irme y dejaron que así pasara. Ninguno se mojó ni un poquito por querer recuperarme o por intentar al menos mantenerme cerca. Todo lo contrario. Todos y cada uno de ellos se comportó con aceptación y casi, liberación. ¿Así de cargante resulto? ¿Tanto esfuerzo suponer llegar a quererme o cuidarme? (supongo que esa es una de las razones por las que mi padre biológico se marchó de mi vida)

Desde entonces, aprecio cada vez más a los amigos que deciden quedarse a mi lado. Me preguntan algunos: ¿por qué das tanto la vida por ellos? y yo contesto: porque los que están son los que han decidido que merece la pena tenerme a su lado.


Así terminé con todos ellos, cerrando el círculo con aquel que me rompió el corazón por última vez.

Veintitrés años tengo y si de algo debo estar orgulloso es de que mi corazón esté capacitado para soportar las inclemencias de estar vivo. ¿Que por qué soy dramático? Porque siento los fenómenos de la realidad de una manera que nadie más lo hace.

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