Huracán Patronus : Harry Potter

Parte I

Verano del 2017 .  
Manhattan y yo habíamos logrado afianzar nuestra amistad. Se había hecho fuerte, fértil, duradera, con sus más y sus menos. Aunque resultemos difíciles, los dos supimos introducir nuestras titánicas personalidades en una convivencia pacífica digna de los Campos Elíseos.  Era finales de agosto y la cuenta atrás para la vuelta de Ícaro de Escocia se me deshacía en los labios. ¡Cómo le necesitaba ya conmigo!, en nuestra casa, con Abril, la cual acababa de llegar a nuestras vidas. 

Foto tomada en un banco de Münich

Subí esta foto con aquellas palabras creyendo que aquel septiembre significaría una nueva oportunidad para nosotros. Él y yo de nuevo juntos, disfrutando de nuestra vida aunque no perfecta, aunque no la más recomendable, era la nuestra. Nuestro continua fuga de la sociedad, de las normas. Solo nosotros, siendo nosotros, el uno en los brazo del otro…

Entonces, llegamos a la fiesta anual de Cuenca Club de Harry Potter, algo que para esta historia nos viene muy bien. A mí me acababan de hacer VIP vitalicio por ganar un concurso. Y por supuesto como acompañante llevaría a Ícaro. Llevábamos la misma camisa de cuadros: pero la suya era azul y la mía era verde. Como todos sabéis, yo soy Slytherin. Aquella noche llevaba colgado del cuello la varita de Lord Voldemort que él me había regalado. Íbamos en modo pareja. Con nosotros iba Manhattan y un par de amigos más.

Aquella noche, Manhattan nos presentaría a Huracán Patronus. 

Tenía (y tiene) una mirada afilada, pero no antipática, más bien franca. Era honesto y nunca careció de esta virtud. La cual se reflejaba en una sonrisa pícara y llena de intenciones plenamente transparentes. Los rizos en aquellos días entre rubios y pelirrojos caían sobre su frente. Cada ángulo de su rostro, fino y alargado le proporcionaban un atractivo común, típico, pero adictivo. Iba vestido con una camisa blanca y destacaba entre el resto de nosotros ya que brillaba en aquella multitud mágica del mundo de J.K. Rowling.  En uno de sus brazos (no recuerdo ahora el izquierdo o el derecho debido a mi dislexia con la que no distingo uno de otro) llevaba tatuado un patronus: El ciervo de Harry. Esa misma noche descubrí que también tenía una frase de Demi Lovato en su cadera, marcada, fina, suave, sugerente, cuando Manhattan se la lamió en un momento dado delante de todos nosotros.

Cuando Huracán Patronus y yo cruzamos las miradas, yo dibujé una sonrisa amable y él me correspondió. Ninguno de los dos sabíamos entonces la historia que habría después de aquel primer encuentro.


Es importante que esta entrada se lea con atención porque si anteriormente creíais que todo era lioso y rocambolesco, será mejor que estéis muy atentos.


Después de aquella fiesta Manhattan y Huracán comenzaron a tener un affair. Hasta donde yo sé, quedaban, veían películas, se acostaban… lo que venía siendo estar liados. Ícaro y yo, por otro lado, recuperábamos el tiempo perdido: teníamos a Abril, Netflix, un sofá: nuestra hogar. Una hogar tranquilo y lleno de un amor que se acabaría tirando por el balcón. 

Manhattan y la que por entonces era mi encargada en mi antiguo trabajo, Musa (el mejor nombre que he podido encontrar para mi actual compañera de piso, ya que es su apellido) tuvieron la genial idea de invitarme a un evento que no solo paralizaría una zona de Madrid sino que también cambiaría mi vida. Pues en aquel evento donde acabamos todos con la ropa y la cara invadida de polvos de colores, Ícaro, Manhattan, Huracán y yo conviviríamos y mantendríamos una conversación que abriría las puertas del desastre más absoluto.  Aquella conversación giraría en torno a las relaciones abiertas, pues hasta ese momento Huracán desconocía que yo la tuviera. La tarde se torció. Mi mal humor me llevó a discutir con Manhattan delante de todos, estaba irritable y completamente enfadado con el mundo. Porque sí, porque así me parieron. Finalmente, tras un charla sin sentido, acabé con Ícaro, duchándome en el baño de Manhattan, mientras él y Huracán esperaban en la habitación. Cuando les tocó su turno, aprecié el tercer tatuaje de Huracán: en letras gruesas y contundentes en su corazón, el nombre de su hermano. Algunas indirectas cayeron en aquel instante: que los cuatro llegásemos a compartir baño no resulta ahora tan descabellado teniendo en cuenta lo que los cuatro compartimos ahora. Pero no, no pasó nada de eso. 

Octubre.

Ícaro había decidido volver a Escocia un mes más. Nunca manifesté mi desacuerdo con esta decisión porque no me pertenecía a mí. Pero ahora puedo decir que ojalá no se hubiera ido, quizá hoy, un año y dos meses después de todo, las cosas habrían cambiado demasiado. Pero la decisión estaba tomada. Él se iría y yo debía disfrutar de todo el tiempo posible. Fue así como Manhattan, él y yo comenzamos una convivencia íntima. Comenzaron los tonteos y los besos a tres. Mis celos constantes y mi contradicción, al disfrutar de verlos. Al mismo tiempo, Manhattan seguía con su idilio con Huracán. 

¿Qué ocurrió? que todos la cagamos mucho.

Manhattan, Ícaro y yo, acabamos haciendo un trío la última noche del segundo en Madrid. Fue algo completamente desastroso porque por razones que ni yo puedo explicar me rayé. Los tenía a los dos. El uno embistiendo al otro. Desnudos los tres, sudando, compartiendo fluidos… Pero como siempre, corté el rollo. Estaba claro que algo se estaba rompiendo en mí y nunca sabré decir el qué. Pero tras una breve interrupción, retomamos el acto y terminamos satisfactoriamente. A tiempo para acompañar a Ícaro al aeropuerto: otro mes entero sin él. 

He de decir que cada vez que me he despedido de él, he llorado. La primera vez que me fui a Oviedo sin él. La primera vez que me fui a Benidorm. La vez que se marchó a Escocia en 2016 esos cinco desastrosos meses. La segunda vez que se marchó en 2017. Cuando nos despedimos en el aeropuerto de Münich. Y aquel 5 de octubre que sería la última vez que nos besábamos siendo novios. 

Subí una foto a la historia estando los tres desnudos en el baño de Manhattan. Un escándalo para algunos de mis seguidores que se percataron de lo ocurrido. Una broma que no tenía importancia para ninguno, salvo para uno: Huracán Patronus. 

La pólvora se extendió todo lo que pudo. Manhattan no desmentía ni afirmaba que hubiésemos hecho un trío. Y la mentira por omisión también es mentir, lo que a alguien como Huracán, siendo géminis, le afecta sobremanera. Dejó de confiar en él. Ese mismo viernes, los dos tuvieron un encuentro nada agradable en Cuenca, habiendo alcohol de por medio nada es bueno. Fue ese viernes, un día después de la marcha de Ícaro, cuando Huracán y yo nos abrazamos por primera vez mientras sonaba una canción cero romántica pero para mí inolvidable: Mayores. Mi favorita en aquel momento, y una de las suyas casualmente. Nos abrazamos tontamente para saludarnos, pero fue ahí donde memoricé su perfume, tan similar al de mi novio, pero tan característico. 

Fue esa noche cuando los dos comenzamos a hablar por Instagram. Manhattan no estaba en condiciones de disculparse por su borrachera y yo, que me siento fatal cuando alguien se ve ofendido por nosotros, decidí hacerlo por él. Cuando a ese mensaje le di a enviar algo muy pequeño, una voz sorda, diminuta, lejana, similar a un susurro rasgado y oculto entre la maleza de mi organismo, me dijo que no estaba actuando correctamente aunque mi intención si lo fuera. 

Tras ese mensaje, vino otro. Y luego otro. Y luego el WhatsApp. Y mientras nuestras conversaciones cada vez cogían más forma. Las suyas con Manhattan fueron perdiendo presencia. Y con el tiempo pude notar como Manhattan se apagaba, se entristecía y se rayaba por haberla cagado con él. Y mientras a mí me carcomía la conciencia cuando estaba con mi amigo, mis labios solo querían probar los de Huracán. Nuestra primera “cita”, por decirlo así, fue en el Burguer King de Atocha. Los dos vivíamos en la misma línea de metro y decidimos quedar ahí. Me puse la corona de cartón (desde entonces ya no me la pongo) mientras comíamos. Tuvimos una conversación en la que, por alguna razón, me sinceré con él de cosas que apenas sabe nadie.  Cosas que creí que le echarían para atrás o que le harían replantearse lo que estaba haciendo conmigo. Sin embargo, aquella mirada de ojos avellanados y un blanco sanguinolento por la falta de sueño, de un brillo invariable y atípico, me convenció de que todo iría bien. Que quien le gustaba era yo. Que no pasaba nada. 

Nos despedimos frente al Reina Sofía con un beso. Nunca un primer beso con un desconocido, me había sabido tan bien. 

Una aventura es más divertida si huele a peligro.

Aventura

Aquella misma semana quedaríamos para ver la saga completa de Harry Potter, que ya me tocaba. Por supuesto, de todo esto Manhattan seguía sin saber nada y en aquellos días pensé que nunca lo sabría…

3 comentarios sobre “Huracán Patronus : Harry Potter

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