El Tango de RoxCam

Primero, debo hacer una pequeño recuento para evitar pérdidas en el trajín de toda esta historia. La historia que describe a mi corazón como un zoológico, un circo de criaturas extraordinarias capaces de devastarme.

Junio de 2017: dije adiós a El Dorado, a Mambo, a Meyer, a La Sombra, a Chuck Brown. Todos pertenecientes al mismo círculo.

Julio 2017: apareció en mi vida Manhattan. En sucesivos meses se arraigó nuestra amistad con Black Winter.

Noviembre 2017: Dije adiós al amor de mi vida Ícaro.

Diciembre 2017: Me rompió el corazón Huracán Patronus.

Febrero 2018: Conocí a El Jilguero y a Tango.

Bien, vamos a hacer un salto en el tiempo y nos saltaremos el 2017, para trasladarnos a febrero de 2018.

¿Por qué? Porque me sale a mí de la entrepierna contar mi historia a mi manera. También tiene sentido: las dos historias que preceden a Tango, marcaron realmente un antes y un después y supusieron un final para siempre. Tango, actualmente, sigue siendo un buen amigo. No obstante, su historia no puede pasar desapercibida porque al igual que Bucólico, hay personas que pasan por mi vida para darme lecciones, para hacerme aprender y para entender que en el caleidoscopio emocional que supone mi existencia, existe una variedad cromática de decisiones y preferencias que no puedo eludir.


Febrero de 2018.

Tango es un chico que conocí en esa maravillosa red social, nada superficial, llamada Tindr. Tuvimos un match y empezamos a hablar Un principio sencillo, de andar por casa, del día a día.

Este Imposible recibe el nombre de Tango, no porque lo baile o porque tenga un significado especialmente obvio. Más bien creo que lo poco que estuvimos saliendo, nuestra relación fue una serie de idas y venidas; indecisión; cambios violentos y cierta tensión.  Por supuesto el título de esta entrada hace referencia al Tango de Roxanne de Mouline Rouge, por las similitudes que iré desglosando según avanza la historia.

You don’t care if it’s wrong or if it’s right.

-The Police

Al principio me pareció el pretendiente ideal: inteligente, educado, alguien políticamente correcto. El yerno perfecto. Alguien a quien tu madre debería buscarse mucho la vida para sacarle peros.  La fiesta más bien le gustaba lo justito y nada de drogas, solo Barceló con Fanta de naranja. Un tío sin las taras propias de un ambiente tóxico como resulta el nuestro, sin ser una celebridad juerguista (como lo soy yo), sin malos hábitos. Estudiado en audiovisuales y  vastos conocimientos de política. Familiar y con carnet de conducir, lo que suponía independencia. Ordenado, correcto y reflexivo… Un currículo digno del buen partido, del soltero de oro, de alguien que merece un final feliz y un matrimonio perfecto a las afueras de la ciudad con dos perros y cenas con velas cada semana. Lo que en teoría busca toda una mayoría y que al final resulta que no buscamos ninguno.

Todas estas características fueron las que me llevaron a conocerle e intentar entablar una relación estable. ¿Por qué no? Alguien que encajaba en esos patrones de exigencia a los que me aferro patológicamente, podría haber sido un novio perfecto.

Estuvimos saliendo. Descubriendo lo bueno que estaba el café en compañía. Robándonos besos en medio de la incipiente primavera. Aprendiendo que dentro de nuestras diferencias los dos compartíamos visiones del mundo muy similares. Incapaces de ver una película sin analizar cada una de las partes, disfrutando no obstante de lo que veíamos. Compartiendo gustos musicales, organizando planes conjuntos y lo mejor de todo, reinventando el sexo. Un amante sin duda, diferente a cuantos he conocido. Buena compenetración, conexión, grandes dotes para la satisfacción y el consiguiente clímax. Como os decía, alguien del que apenas puedo hablar mal.

Durante tres meses estuve convencido de que era lo que buscaba. Le seguí viendo, dormíamos juntos y hacíamos vida de pareja sin ser yo nada de eso. Éramos solo dos desconocidos muy a gusto el uno con el otro. Lo presenté en sociedad, salimos con mis amigos y hasta en pareja con Manhattan y su Primera Drama. Conocí a sus amigas y hasta la forma en que ordenaba sus zapatos.

Todo, tal y como lo cuento es digno de preguntarse ¿y qué pasó?

Él venía de una relación basada en mentiras y disfuncional como la mayoría de la relaciones que nos empeñamos en tener a pesar del daño que nos producen. Su ex, un muchacho de ascendente promiscuidad incapaz de guardar el respeto y la lealtad que conlleva un noviazgo monógamo, lo que por supuesto dejó a Tango muy roto. Las esquirlas de todo aquello se clavaron en un corazón ávido de amor y un organismo dispuesto a darlo incondicionalmente. Sus engranajes se engrasaron desde entonces en la completa desconfianza y en el miedo. Pero su cuerpo seguía curándose en la propia bondad que veía en el prójimo.

¿Y con quién fue a parar? Conmigo.

La primera vez que salimos de fiesta recuerdo que su primera pregunta, al ver que yo no dejaba de saludar a todo el que se cruzaba por el camino fue:
-¿A cuántos de todos esos te has tirado?
Yo le miré con cara de póker y me decidí por una respuesta que no desvelaba nada, seguido de una sonrisa que, por el contrario, lo confirmaba todo:
-Mejor no te lo digo.

Desde ese momento supe que algo en mí le chirriaba o le acabaría chirriando.

Por aquel entonces, La Primera Drama y Manhattan empezaban a salir y como es lo normal en aquellas parejas que están resueltas a darlo todo en un suspiro de amor, sus fotografías invadieron todas las redes sociales. Y claro, cuanto más salían ellos, más deseaba Tango que nosotros hiciéramos lo mismo. Total, yo era alguien que se pasaba el día contando su vida en redes sociales, ¿por qué entonces no le contaba al mundo con quién estaba saliendo? Buena pregunta.

La verdad es que a pesar de lo bien que podía ir todo, yo aún tenía un corazón en cuarentena. Aún pensaba en quien no debía y aún debía curarme de mis dos amores fallidos.Además, justo antes de la aparición de Tango, había conocido a El Jilguero y claro, en esta amalgama de sentimientos encontrados, era difícil aclararme.

Yo evitaba por todos los medios sacar de contexto lo que ofrecía, es decir, nunca prometí nada que no fuera a cumplir ni creaba ilusiones a propósito. También es verdad que hay sentimientos que germinan inevitablemente en un pecho fértil. Y así ocurrió.

Tango me visitaba en el trabajo, en una ocasión me esperó en mi casa para que cenáramos, me desveló los secretos de su cuarto y hasta nos llegamos a dar un baño de espuma. Quizá todo aquello debí frenarlo si no estaba seguro de seguir, pero me gustaba todo aquello sin un compromiso real. ¿Tan complicado era limitarse a disfrutar sin pensar en nada más? Para algunas personas esta opción no existe, y esto le pasó a Tango. Podía notarlo. Puede verlo en sus gestos y su forma de mirarme. Cada momento a mi lado era una expectación, una situación de suspense esperando a que yo diera el siguiente paso. Siguiente paso que nunca llegaría…

Una de nuestras discusiones más comunes eran nuestras posiciones sobre las relaciones abiertas. Él jamás podrías tener una por no considerarla una relación de verdad. Y yo no estaba dispuesto a tener en aquel momento una relación cerrada. No lo sentía, no me apetecía y nunca oculté este hecho.

Habían llegado nuestros cumpleaños (marzo y abril respectivamente) y ya por la anodina conexión que existía entre nosotros mientras comíamos, comprendí que las cosas no estaban bien ordenadas entre nosotros.

Comencé a sentirme presionado. Él esperaba que yo dijera cosas como te echo de menos o que le entendiera en situaciones tan sencillas como su íntima conexión con su familia. Pero yo no podía.

Yo no soy alguien familiar. No soy alguien que diga te quiero a la ligera. No soy alguien que abrace. Dentro de mi alma poética y de mi marea emocional, no soy alguien que muestre especial sensibilidad y menos si se ve forzado a ello. No es que él me presionara directamente, pero cuando eres inteligente y tienes un mínimo de empatía percibes ciertas señales. Y yo las estaba percibiendo, las notaba del mismo modo en que se nota una tensión sexual no resuelta o un secreto entre amantes clandestinos.

Entonces tuvo un accidente de coche. Por suerte no le pasó nada grave, pero supe que necesitaba más que nunca mi apoyo. Y ahí tuvimos un momento de cercanía impulsados por lo que podía haber sido una tragedia. Del mismo modo, él cuidó de mí cuando sufrí una fiebre absurda que me tiró en la cama unas veinticuatro horas.

Hacia él comenzaba a sentir un profundo agradecimiento y una tierna atracción que a duras penas hubiera llegado a algo más de lo que ya teníamos.

Cuando vimos Call me by your name no podía evitar ver en Elio y en Oliver dos partes de mí. Claro que la película esta hecha para que no deje indiferente a nadie. Pero en mi caso me rompió. Me rompió como hacía muchos meses que no me rompía. Por dentro, porque si algo tiene mi organismo es experiencia en ocultar los trozos bajo la alfombra de mi piel. Una película que me hizo recrear, que me hizo pensar, que me hizo abrazar las partes aún rotas de mi corazón y observarlas en retrospectiva. La magia del cine, lo llaman. Yo simplemente lo denomino: sufrir demasiado y verte reflejado en una manifestación artística. Que para eso están las artes: para que localicemos nuestra humanidad.

Aquella noche dormimos juntos. Necesitaba sentirme a salvo en unos brazos conocidos, aunque no fueran los brazos que realmente deseaba. Estuve a gusto. Me salvó de mis pensamientos y me sentí en completa paz, al menos por una noche.

Los días pasaban y yo recuperé esa incertidumbre en la que buscaba el momento de decirle que teníamos fecha de caducidad. Viéndolo así, yo parezco despiadado y malvado. Casi como si lo hubiera utilizado todo ese tiempo para ponerme un parche y sobrevivir. Pero no fue así.

Yo le conocí y vi una relación potencial que con el paso de aquellos meses comprendí que no quería. Aún no había superado mis dos enamoramientos fallidos, aún no había sobrevivido a mi dolor, al rechazo de El Jilguero, al cual intentaba olvidar de todas a todas como si fuera un capricho pasajero; aún no estaba preparado para darle verdadero amor a alguien que realmente lo merecía. Pero no de mí.

A veces la cosas surgen y no conoces su desarrollo hasta que las vives, hasta que tienes una revelación o un atisbo de verdad sobre qué quieres o quién eres. Y yo de alguna manera me estaba dando cuenta… Pero tampoco soportaba saber que le acabaría haciendo daño.

Fue una noche en delirio en la que comprendí que yo acabaría irremediablemente hiriéndolo, del mismo modo en el que una Roxanne, dedicada a las luces rojas y a recorrer las calles le haría daño al hombre que la amaba.

Entre ellos se había colocado el compañero asiduo de las almas enfermas, de los corazones heridos, de los espíritus cansados de todo: el hastío […] este inmenso Mefistófeles […] de todas esas divinidades hijas del azar, que se pierden en la vida por el abandono de sus pasiones.

– Jules Janin.

En mi caso,yo no era una prostituta, como lo era la Roxanne de la canción, pero si alguien dedicado a la vida frívola, al disfrute de sí mismo y sus pasiones más efímeras. Mientras Tango buscaba que nos sometiéramos a los pasos de una relación acompasada, pasional y entregada con sus cortes y quebradas.

Al principio hay deseo. Luego pasión. Luego sospecha, celos, ira […] Los celos te volverán loco.

-El Argentino, Mouline Rouge.

Fue aquella noche en las que El Jilguero apareció con las mejillas húmedas en lágrimas, agarró mi mano y me pidió apoyo emocional porque le habían robado el teléfono. Historia que ya conocéis por Crónica de un arrastrado. Aquella noche, a pesar de estar Tango con nosotros de fiesta y de no ser consciente de nada de lo que ocurría, yo salí a estar con El Jilguero, porque como sabéis sigue siendo una de mis debilidades. Y a pesar de estar los dos muy cerca, no hice el mínimo amago por besarle. Tango no se merecía tampoco una situación tan incómoda como aquella.

E hice lo correcto, eso no quiere decir que hiciera lo que me apetecía. Fue aquella ocasión en la que comprendí que yo quería seguir haciendo lo que me apeteciera, sin plantearme si era lo correcto o no. Sin pensar en nadie más.

El aburrimiento había sido el gran mal de su vida. A fuerza de ver sus afectos rotos, a fuerza de obedecer a sus uniones efímeras y de pasar de un amor a otro amor,  sin saber por qué ahogaba tan pronto la inclinación que empezaba a nacer en ella y las ternuras en sus comienzos, habíase vuelto indiferente a todas las cosas, olvidando el amor de ayer y no soñando más en el amor del día que la pasión de mañana.

– Jules Janin.

Dormimos aquel puente de mayo por última vez. Quise darle una última oportunidad a lo nuestro. Darme cuenta que quizá solo eran imaginaciones mías y caprichos esporádicos y arbitrarios.

Él merecía la pena. A pesar de sus inseguridades con mi pasado (y presente). Mi lista de amantes era interminable, además de mi frenética vida de juerguista y la sectaria relación que llevaba con mis amigos. Él solía mostrarse reacio a mis vínculos con todos los personajes de la noche. Se contrariaba al verme tan inmiscuido en la dinámica del ambiente y mis inconstantes pero asiduos lazos con las criaturas nocturnas que deambulaban desvestidas y alborotadas y de pensamientos veleidosos y superficiales. De alguna manera mi mitad Hyde era también la mitad que le atraía pero la mitad que jamás podría negar y de la que veía que jamás podría serpararme.

Todo esto llevó a que tuviéramos una ruptura de vínculos bastante dañina. Yo pretendía no hacerle daño, pretendía ser sincero, pretendía hacer lo correcto para él y lo más liberador para mí. Roxanne tenía una vida y una manera de vivirla que ninguna canción cambiaría. Roxanne estaba atrapada en sus circunstancias y no pretendía ser salvada… Al final él salió herido. No como una puñalada profunda o una bala perdida, sino como un corte que sangra mucho o un roce que deja marca durante días. Tenía los carrillos levantados y el brillo oscuro de su mirada refulgía el más absoluto desprecio hacia mí y mis decisiones. No pudo evitar juzgarme y considerarme alguien completamente nocivo y enfermo de egoísmo. La tristeza bailada que supone el tango se vio reflejada en nuestra conversación: fuimos firmes, enérgicos, decisivos, incisivos… había rabia y un claro desenlance. Ahí supe que hacía bien en cortar nuestra dinámica, de haber seguido al final los dos hubiéramos acabado matándonos.

No le culpé por sentirse así ni por expresar todo aquello que expresó contra mí con tanto filo. Realmente comprendí que de alguna manera explotara y se sintiera engañado. Le dejé expresarse hasta que escapé con vida y volví a mi casa, donde respiré aliviado sabiendo que me conocía libre. Sabiendo que la música había terminado y las luces se habían apagado.

¡Roxanne!

-The Police

Noviembre 2018

Hoy Tango y yo nos llevamos muy bien, nos reímos de aquel acontecimiento. Ambos somos conscientes de que lo nuestro no hubiera podido acabar bien y coincidimos en la opinión de que nos llevábamos muy bien en la cama como para renunciar a ello.

Yo al día de hoy agradezco que apareciera en mi vida. Al igual que Bucólico, (si pincháis descubriréis un cuento muy bonito con moraleja al final) que supuso un parche emocional y un viento fresco, Tango me ayudó a ver que aún debo seguir buscando lo que quiero en mi vida y lo que quiere mi corazón.

Mientras tanto me sigo identificando con este fragmento de la introducción de la Dama de las Camelias:

¡Ay!, ella era también un adorno inútil, una fantasía, un juguete frívolo que se rompe al primer choque, un producto brillante de una sociedad que expira, ave de paso, aurora de un instante.

-Jules Janin.

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