No habrá paz para los malvados

La noche por la que decidí llamarle Mambo, fue sin duda de las más humillantes para mí.

Nos preparábamos para las fiestas de San Isidro, El Dorado, Mambo y yo. Cenamos los tres y estábamos bastante a gusto. Aún no había llegado el debut de El Dorado como antagonista de mi historia, con lo que mi pequeño cuelgue con Mambo seguía en su línea. Le llamé así porque mientras cenábamos nos mostró uno de los bailes en los que trabajaba para su obra (a la cual no fui). La canción era The 20th Century Fox Mambo, de la serie Smash. A raíz de ahí el nombre que he elegido para contaros su historia. El subrepticio romance de El Dorado y Mambo era algo que estaba ocurriendo, pero como bien sabéis, solo eran sospechas, nada del otro mundo. Con el tiempo hasta que me lo confesó el que era mi mejor amigo entonces, comencé a comprobar sus conexiones en el Whatsapp. Ver sus stories en el Snapchat. Cosas que consideré inocentes y que hacemos todos sin darnos cuenta. Al comprobar que nada coincidía dejé mis indagaciones.

Continué mi amistad con ellos y mis flirteos con ambos con la misma naturalidad de siempre. Aunque en el ambiente, algo turbio comenzaba a manifestarse. Los compañeros de piso de El Dorado ya no me trataban con la misma cercanía, mis bromas ya no eran tan bien recibidas y de alguna manera, comencé a sentir que yo tampoco no era tan bien recibido como antes. Por el contrario, Mambo era tratado como parte de esa familia. Todo el mundo lo adoraba y eso que, desde mi punto de vista, iba menos a la casa de El Dorado que yo que me pasaba todos los días ahí metido. No le di importancia.

La noche de San Isidro, para variar, yo iba con unos cuantos litros de tinto de verano encima. Vi oportuno en un momento dado de la noche, lanzarme, seducir, buscar afecto en Mambo. Obtuve un rechazo inaudito. Una de esas cobras que nos destrozan el autoestima y te preguntas ¿qué ha pasado? ¿cuándo dejé de gustarle? Fue un rechazo inminente que hirió por completo una sensibilidad agudizada por la ebriedad, claro está. No comprendí nada hasta que cinco segundos después asomó la cabeza El Dorado con cierta seriedad y ese gesto altanero tan suyo cuando no está de acuerdo con algo. El trayecto en los búhos se hizo eterno entre aquel silencio abrumador y miradas robadas.

¿Qué pasaba?

Aquello me dejó pensando y nuevamente decidí buscar hilos. Cuando quise darme cuenta lo que había comenzado como una pequeña curiosidad se convirtió en mi obsesión diaria. Por mi mente pasaban todo tipo de elucubraciones ¿qué me ocultaban? Mambo ya no quería nada conmigo, mientras El Dorado y yo manteníamos nuestra cotidiana conexión . Comprendí que había llegado al límite cuando me encontré, con mi gabardina beige, ojeroso y con todas las teorías conspiratorias en mi cabeza, espiándolos desde las esquinas. Vivían los dos cerca solo era cuestión de tiempo que los pillara en algo raro. ¿Me estaba volviendo loco? Con todo el tiempo libre que tenía y la extraña sensación de sentirme engañado, viendo nuestras relaciones desde fuera y ya no desde dentro, nunca pensé que todo se complicaría tanto. Realmente estaba metido en una especie de historia a lo Carlos Ruiz Zafón queriendo descubrir el secreto de ambos. Cuadraba sus horarios y creaba coordenadas donde podían encontrarse. Llegué a preguntarles dónde estaban o qué hacían y hasta con quién. Estaba sintiendo celos que no me peternecían, inseguridades que me alienaban de mi realidad, miedos sin fundamento.

Tras la confesión de El Dorado afirmando que en realidad sí estaban quedando y sí se habían liado; sentir un doloroso crush en mi pecho sintiéndome engañado y no reconocerle en aquella situación; quedamos para cenar ese mismo día dispuesto a esclarecer las cosas: yo y mis costumbres diplomáticas. Estábamos en la mesa, ellos dos frente a mí y un muro invisible en medio. Descarados roces bajo la mesa y besos robados cada vez que yo miraba a otro lado: Sensibilidad nula. Una complicidad se había creado entre ellos y lo que en principio fueron bromas hacia mí comencé a sentirlo como insultos e indirectas mal intencionadas. Terminé la cena bajando Princesa a toda prisa intentando no sentirme tan excluido como sentía, con ellos tras de mí queriendo tranquilizarme. Yo huía de tanta presión y tanto conflicto interior.

-Es que no lo entiendo.-dije cansado de esa absurda persecución.-Mambo, nos gustábamos y de la noche a la mañana, te empieza a gustar él.

-Cam, las cosas ocurren así… por eso no te decíamos nada. Porque sabíamos que te lo tomarías a mal.

-Mambo, me lo hubiera tomado mal de todas formas, pero llevo semanas espiándoos. Me siento imbécil cargando con esta obsesión por descubrir la verdad. Si de verdad queréis estar juntos, me lo decís a la cara.

Mambo miró a El Dorado que permaneció callado. Se cruzaba de brazos con la mirada fija en una discusión que no sentía suya.

-Yo no quiero estar con Mambo.-dijo de repente.

Un silencio denso aparcó ahí, en la esquina de El corte Inglés en mitad de la madrugada.

-Solo me lié con él para provocarte. Para demostrarte que no mandas sobre nosotros.-Me dijo con una osadía nunca antes vista. ¿Quién eras, Dorado?

Observé lentamente como el corazón de Mambo conducía lágrimas de decepción a su mirada inocente y frágil. La amargura de aquellas palabras había dibujado en los carrillos de El Dorado una mueca de desagrado y soberbia. Yo no sabía dónde meterme.

-Dorado, nos vemos mañana en clase.-Dije y él se marchó sin mirar atrás. Yo me despedí de Mambo con un abrazo sintiéndome extrañamente confundido.

Al día siguiente, El Dorado y yo nos sentamos en sitio distintos y solo hasta la salida no charlamos de lo ocurrido.

-¿Por qué hiciste eso ?-pregunté, queriendo empatizar con él.

-Porque sé que te hace daño que estemos juntos.

-¿Pero te gusta?

-Sí.

-Pues no soy quién para oponerme. Me sentará mal al principio, pero yo tengo a Ícaro y no es justo que me oponga a que dos personas libres estén juntas. Me jode. Me jode porque no he podido disfrutar de Mambo como quisiera. Me jode porque de todos los tíos del mundo, tenías que haberte fijado en él, pero bueno. Haced lo que queráis.

El Dorado me miró extrañado con aquella respuesta. ¿Por qué extrañado? ¿Tanta influencia les causaba que creaba monstruitos capaces de herirse entre ellas por protegerme?

Después de aquella conversación comenzaron a salir oficialmente. Durante dos meses estuvimos sin hablarnos hasta que todo se apaciguó.

El Pride llegó y ya Los Hombres Desesperados estábamos, en teoría, en perfecta armonía. Mi primer Orgullo en Madrid y todo era pura magia. Conocí infinidad de personas cuyas existencias se hicieron efímeras pero íntimas, al menos durante esos días. Fue todo una alegoría de la felicidad, manteniendo la libertad y la armonía en el mismo sitio, con personas de todas las nacionalidades y de todos los estilos de vida conviviendo en una igualdad y una solidaridad unánime. Al menos así lo viví. El Dorado y Mambo eran felices, yo era feliz. La calma antes de la tormenta. El silencio que apacigua a las fieras justo antes de la jauría. El acecho sigiloso del caos.

El dormir con El Dorado comenzó a volverse un problema. En palabras de algunos, que yo llevara un bañador tan corto y me pasara el día en casa de alguien con novio, sabiendo que ambos habíamos tenido sexo, no era del todo ético. La culpa era mía por vestir así delante de él. Además, alguien con una relación abierta, que hacía y deshacía con todo el que le correspondía, no era muy digno de confianza. Menudo historial tenía, según los demás.

Os puedo asegurar que siempre respeté aquella relación. Incluso apoyé y aconsejé a El Dorado cuando se agobiaba. Pero claro, Cam era demasiado Cam. ¿Como confiar en alguien cuya reputación era tan cuestionada?

En esta ola de celos y desconfianza, acuciada por la falta de sexo de la pareja y el poco tiempo que disfrutaban de estar juntos porque Mambo trabajaba (tiempo que al parecer yo disfrutaba más de mi amigo que su novio) las cosas se torcieron y antes de agosto de aquel año, Mambo y El Dorado rompieron regresando a su situación actual de amigos íntimos.


Septiembre.

Un nuevo curso comenzaba y yo no hacía otra cosa que desear verlos. Acababa de empezar a trabajar en el SuperSol, Ícaro volvía, empezaba el segundo año en la universidad y mis ganas iban en aumento. Nuevos Cuencas, nuevas aventuras… Un nuevo infierno.

Los cuatro nos volvíamos a ver con los ahora nuevos compañeros de piso de El Dorado. La Calle Princesa volvía a ser nuestro punto de encuentro y los botellones nuestra excusa perfecta para tramar cotilleos. Algunos amigos del Orgullo vinieron para quedarse hasta que solo quedó uno (le llamaremos el Crush y más adelante comprenderéis y os habaré de él). El Dorado y Mambo habían normalizado su amistad a pesar de haber estado juntos igual que Meyer y Chuck Brown que nunca se llevaron mal. Sin embargo, nada de esto fue así.

Meyer y Mambo tenían excusas nuevas para no vernos a mí y a El Dorado. Así que lo que parecía una amistad duradera con el paso de las semanas se fue deteriorando. Sentía que no querían estar con nosotros. Estaba llegando diciembre y aún no les habíamos visto.

-Creo que deberíamos dejar de insistir. Está claro que no quieren vernos.-dije cansado de evasivas.

-Supongo…

-Nosotros dos estamos bien. Y este año hemos hecho amigos nuevos en clase…

-También es verdad.

-¿Crees que debería decirles algo? ¿Llamarles la atención por su falta de interés?

-Sí. Este viernes les volveré a invitar a casa a ver qué dicen.-Me dijo El Dorado y yo sentí su apoyo como algo real. Podía haberme parado y podía haberme dicho que no era buena idea decirles nada. Pero interpreté que su afirmación era un claro apoyo…

-Yo este viernes no sé si saldré.-dije yo cansado de llevar una vida en el trabajo y otra en clase.

Frase más que oportuna. Pues justamente sí aceptaron la invitación y sí asistieron. Yo como siempre llegué más tarde que todos los demás.

Recuerdo que aquella noche comencé a sentirme extraño. Tenía una angustia desconocida mientras me duchaba y a la hora de vestirme nada me gustaba. Ícaro me preguntó si de verdad quería salir. Yo estaba raro, pensativo, inseguro.

-Sí. Quiero hablar con ellos, me apetece estar con ellos.

-No pareces convencido.

-Que sí.

No sé si trataba de convencerme a mí o a él.

El color que mejor me iba para ese día era el negro, y así me vestí. Iba en el ascensor subiendo a casa de El Dorado con el corazón encogido de los nervios: llegaba tarde, lo que llevaba no me gustaba, no sabía qué nos depararía la noche. Más inseguridad.

Un silencio frenó la habitación cuando yo entré. Una decena de personas me miró y antes de decir nada, ya tenía la copa preparada. Meyer había traído un amigo nuevo cuyo nombre no recuerdo (José o Javier o algo de eso) y que desde el primer momento me miraba siempre de soslayo. Aquella noche iniciamos un juego similar al de verdad o atrevimiento. Constaba de hacer una pregunta y contestar con absoluta sinceridad pero no eran preguntas personales, eran más bien preguntas al azar sobre lo que pensábamos de los demás. Sonaba tope de divertido, alcohol, verdades como cuchillos, conflictos dormidos: una orgía de sangre. En una de las rondas le tocó a este señor desconocido amigo de Meyer y la pregunta a realizar por parte de Mambo, fue la siguiente:

-¿Quien de todos nosotros consideras que es la más puta?

Todos agacharon la cabeza hasta que este individuo me miró a mí, sin dudar un instante. Pronunció mi nombre con rotundidad y nadie se opuso a tal declaración. Busqué apoyo en mis amigos y absolutamente ninguno supo intervenir. Cuando callas das la razón al que por mayoría tiene ventajas.

-¿Por qué yo? No me conoces de nada.-Dijeofendido.

-Hombre, sé que llevas un relación abierta y que has follado con la mitad de los gais que estamos aquí.

-Repito, no me conoces de nada.

-Además solo hay que verte: esa forma de ser tan extrovertida y tan sarcástica. Feo no eres. Estoy seguro que ligas un montón.-Me contestó con una sonrisa bobalicona con un tono antipático.

Por “halagador” que sonara esto último, no lo fue. Di un trago a mi copa y cuando me disponía a hacer un réplica en mi defensa, El Dorado intervino.

-Cam, vamos a por hielo.-Caminamos hasta la cocina.-Vamos, estamos de broma.-Me dijo vertiendo el hielo en un bol casi sin mirarme.

-Lo peor es que sé que todos pensáis igual…-dije sin mostrar debilidad.-Queda una hora para irnos, me voy a fumar al balcón.

Sabía que no tenía que haber salido aquella noche. Entre calada y calada sentía que quizá yo me lo estaba tomando a malas. Tampoco veía la oportunidad de hablar con Meyer o con Mambo. Oía risas en el salón y yo ahí automarginándome. ¿Era siempre el amargado?

El cigarro se terminaba y yo seguía sin estar preparado para volver a aquella habitación. ¿Qué me estaba pasando? Mambo llegó y se sentó a mi lado en la terraza con vistas a la Calle Princesa.

-No me puedo creer que estés así por un comentario tonto.

-No es eso, Mambo. Estoy raro en general. Llevo mucho tiempo sin veros y me da cosa.-dije yo.

-¿Por qué?

-Porque siento que no queréis estar con nosotros. Bueno… conmigo.

-No digas tonterías. Simplemente hemos tenido meses ocupados…

-Sé que saliste la semana pasada con los de tu clase.

-Pero es que eran los de mi clase… No me gusta mezclar.

-Te incomodamos.

-No… Cam, han pasado muchas cosas entre nosotros. A mí me ha costado recuperarme de lo de El Dorado, que me dejáse así…

-¿Lo habéis hablado?

-Claro. No entiendo por qué no quería acostarse conmigo. ¿Contigo alguna vez…?

-No.-respondí sabiendo por dónde iban los tiros.-¿Por qué piensas eso?

-La verdad… siempre tuve celos de ti. No sé, tenéis ese rollo raro de acostaros.

-¿Y?

-No sé…

-Mira, Mambo yo no tuve nada que ver en que lo vuestro no funcionase. Me duele que todos me tengáis siempre con esa etiqueta cuando tú, haces y deshaces del mismo modo en que yo y…

-Ya, Cam, pero yo estoy soltero. Tú tienes novio, te has acostado conmigo, con El Dorado y cada vez que salimos siempre estás hablando con alguien. No te cortas en tirarle los tejos la gente y…

-Mambo hasta aquí. Sabía que os incomodaba estar conmigo. Tenía el presentimiento de que no quedabáis por mí…

-No quedábamos porque te pusiste raro cuando El Dorado y yo comenzamos a salir. Y Meyer y yo pensábamos que nos sentiríamos incómodos con todo esto. Yo tenía celos de ti…

Harto de todo aquello me levanté y esa noche finalicé mi relación con él:

-No quiero que seamos más amigos.

Mambo me miró con aquella mirada sin malicia, Y aunque no la tuviera yo me estaba viendo completamente herido.

Cuando se lo conté a El Dorado, estuvo de acuerdo. Si estaba incómodo había hecho bien en cortar con él, y por consiguiente con Meyer. Él no lo haría. Él asistiría a la obra de Mambo porque él no tenía ningún problema con ellos. Y para los únicos amigos que tenía pues no los iba a dejar atrás. Pero veía muy bien que yo quisiera estar bien.

Qué ánimos.

Semanas más tarde yo desaparecí de sus Instagrams, eliminé el grupo de Hombres Desesperados y no volví a hablar con ellos. En cambio El Dorado, siguió organizando fiestas con ellos, saliendo con ellos y cenando con ellos. La custodia de su amistad pasó a ser compartida y mis inseguridades a hincarse más entre mis costillas. Nadie intentó nada por recuperarme, sencillamente olvidarse de mí resultó fácil. Así lo sentía.

Tuve mucho tiempo para pensar si todo aquello era mi culpa. Si quizá mi carácter había sido el culpable de rasgar todo ese vínculo. Sentí que su visión de mí, la había creado yo por comportarme siempre con libertad. Una libertad que incomodaba (e incomoda) a todo el mundo. La carrera comenzó a atragantárseme y llevar los estudios al día con el trabajo era tarea complicada. Ícaro apenas estaba en casa por el trabajo y tuve mis momentos de soledad en los que repasaba todos y cada uno de los momentos en los que había fallado. En los que había echo el ridículo. Mi cerebro rememoraba como una batería de imágenes incontrolable, todas las anécdotas en las que quizá me comporté en efecto como un promiscuo o un patético desesperado; a enumerar todos los tíos con los que me había liado o acostado. Un inmensa culpa empezó a quitarme el sueño y las ganas de salir. Ya no disfrutaba de la felicidad ajena porque ya no la conocía y ver a mi mejor amigo disfrutar de los que ya no eran mis amigos, me hería de una manera que sigo sin saber explicar.

Todo el mundo necesita amigos para siempre

-Por Trece Razones

No me reconocía. Ya no era tan fuerte y lo que pensaran los demás de mí me abrumaba. Siempre esa sensación de no estar haciendo las cosas bien. De ser ese tipo de villanos que siempre admiraba en los dibujos animados. No me veía como un héroe, nunca lo fui. Ya no sabía estar en paz. Quise cerrar mi relación, dejar la carrera, quedarme en la cama. Estaba siempre cansado por no dormir, a mi cabeza solo venían conversaciones nefastas; las miradas de soslayo ante algún comentario; la incomodidad cuando me encontraba en grupos grandes. La culpabilidad por no controlarme cuando bebía y acabar ligando o liándome con el que se pusiera delante. Un círculo vicioso de errores. Un tren descarrilado hacia a inmoralidad y las buenas costumbres de quienes me rodeaban. El Latin Evil Drama Queen (bautizado en su día por Meyer). Les estaba dando la razón. Habían hecho bien en alejarse de alguien que solo era un problema tras otro.

¿Era yo el malo que había convertido a las masas en jueces y verdugos? ¿Tan terrible era que disfrutara de mi juventud y las ventajas de una relación abierta? ¿Significaba eso que me quería menos? ¿Que me valoraba menos? ¿Que estaba menos enamorado?

Comencé a escribir cartas que pensé nunca entregaría a todos ellos diciéndoles lo que pensaba, ordenando mis pensamientos y mis sentimientos. Buscando respuestas a tanto vacío emocional.

Al día de hoy existen novios que apartan a sus parejas de mí cuando las saludo. Existen amigos que temen que les llegue sus carta de despedida. Comentarios sobre mis pantalones cortos o mi ropa ceñida que siempre intento tomarme con humor, porque no voy a dejar de vestirme así si es lo que me gusta, pero que comienzan a pesar. Reformarme ya no tiene sentido porque nadie me toma en serio. Seguiré siendo un borracho y un fiestero sin nada más que aportar. Un muchacho ligero de cascos que siempre se promete cambiar y no lo cumple. O nadie lo ve.

En septiembre hará un año que me volví a encontrar con Mambo y con Meyer. Hará un año en el que cometí el error de preguntarle a Mambo que qué tal estaba y que cómo le había ido todo; un año en el que le expresaba que a veces sigo pensando en ellos y que siento haber terminado todo así. Un año en el que su respuesta dejaba ver que yo había sido el culpable a tanta ruptura; que fui yo quién se marchó y que fui yo quien le había hecho daño a él, por tanto a todos ellos.

Mi culpabilidad se basaba entonces en lo cierto: yo los alejé con mi forma de ser.

En septiembre hará un año en el que dentro de mí comenzaron a devastarse una infinidad irresoluble de heridas. Como un tornado de cuchillas que un día quise apagar y que desperté al volver a verlos.

Mambo y Meyer se convirtieron en Imposibles porque no supimos tolerarnos. Ni yo sus críticas, ni ellos mi forma de ser. Algunas relaciones, incluso de amigos, están hechas para romperse y aprender de las heridas que nos dejan tantas trozos afilados. Algunas familias son disfuncionales por culpa de un solo miembro y solo hasta que este no se va, no se ven tranquilos. A veces debemos quedarnos huérfanos de amigos para salvarnos a nosotros mismos. Y sí, a veces, les sigo echando de menos.

Creí que todo acabaría resolviéndose y que podía creer de nuevo en la amistad cuando apareció La Sombra,un nuevo personaje que puso fin a todo sin él quererlo. Pero de eso ya os hablaré en la próxima entrada.

Nadie sabe lo que sucede en la vida de nadie, salvo en la propia. Y cuando le arruinas una parte de la vida a alguien, no le arruinas solo aquella parte. Desafortunadamente, no se puede ser tan preciso y selectivo. Cuando le arruinas una parte de su vida, le arruinas la vida entera. Todo afecta a todo lo demás.

-Por Trece Razones.

3 comentarios sobre “No habrá paz para los malvados

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s