Quédate, si quieres

Quédate, si quieres.
Si quieres inquietudes, te hago una lista.
Si quieres complejos, te explico mis días.
Si quieres hablar de dudas existenciales hasta quedarnos dormidos, sufro de insomnio.
Si quieres quedarte en el sofá de mi pecho, te confieso que tiene polillas, agujeros y bizmas.
Si quieres te invito a tomar una copa en el bar de mis besos, pero que sepas que es aguardiente del malo; que despierta a los muertos y que la resaca es asesina.
Si quieres que te enumere mis pesadillas, siéntate junto a la eternidad y dedícame tu aliento, porque faltarán lustros hasta que termine.
Si quieres saber mis deseos, cuenta las estrellas entre la polución; o los pétalos marchitos de las margaritas que acabaron en el “no me quiere”.
Si quieres estar a mi lado, que sepas que pincho. Que sangro. Que soy afilado y que sin querer corto los labios, igual que el frío.
Si estás dispuesto a quererme, cierra la puerta, estás invitado a no irte, pero no soy una aventura. Soy un desafío.
Si quieres estar aquí, hazlo, pero bajo tu responsabilidad.
Que sepas que vivo encerrado esperando a ser salvado de mi torre de inseguridades custodiado por un dragón que escupe negativas cuando me atrevo a amar.
Si quieres bailes bajo la lluvia, has de saber que el violín lo toca el diablo y que en mi tango bailamos tres. Mi monstruo, tú y yo. Que me muevo y que me rompo porque tengo un alma bordada de tinieblas con parches de terror y puntadas de espanto.
Si quieres recogerme, vivo comiendo del suelo,con el pecho desgastado de tanto arrastrarme.
Ya no sé si me he roto con el tiempo o si ya lo estaba antes de estar vivo.
Ya no sé si estoy vivo o si sencillamente me muevo por inercia, lo digo por si la necrofilia es tu fuerte o por si no entiendes que hay metáforas suicidas.
Aceptaría mis defectos de buena gana si no doliera tanto al confirmar que en efecto, soy humano.
Si quieres ver amaneceres a mi lado, debes conocer mis lunas llenas que se acunan en aullidos de dolor. Que nada me duele más que las despedidas. Que nado en el pasado ahogándome con todo aquello que nunca fue. Que gimo y lloriqueo y que ver bostezar al horizonte no es precisamente algo hermoso. Que no entiendo de felicidad si no es fingida. Que no conozco nuevos días tras las tormentas y soy incapaz de mirar fijamente al sol, porque me quedo ciego. Porque ya no sé mirar y reconocer un mañana.
Si quieres conocer mundo, has de saber que yo soy plano, que tengo limitaciones y que los barcos de esperanza no llegan a puerto: Caen en mis confines a la nada. Se sumergen en la completa oscuridad y no regresan. Después de mí, no hay nada. Ya no.
Te vestiré con jirones de versos tristes que una vez fueron besos que nunca di. Y te haré una manta que no te salvará de mis inviernos, pero es bonita y queda bien.
Nos ahogaremos una y otra vez antes de que decidas naufragar, antes de que añores tus deseos, antes de que decidas que la estepa de mi corazón no merece germinar.
Te diré que en los dédalos de mis entrañas florecen espinas y que apuñalan con extraño placer a quien osa atravesarlos.
Te aviso que no soy fácil y que poseo la vorágine emocional de una guerra civil y los estragos de un tsunami.
Me verás devastado y sin arreglo, pero nunca despeinado
Si quieres quedarte, quédate, sé que durará poco cuando te veas reflejado en mis espejos de hielo, sin norte, sin principios y con todos mis finales.
Si aún así quieres quedarte en el éxodo de mi mirada y en la hecatombe de mi saliva, quédate y ámame así, hecho cenizas.

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